www.clubdeperuanos.com Enero 2007

“Cuando no sabes cuántos años tienes,
pero todos saben cómo te llamas”

Por Janet Amsel Sunshine

Sentada, escribiendo con la laptop de mi hijo mirando al mar. Estoy en Ancón; el año…2007 o ¿Será 1967? La semana pasada cumplí años, 49 años o ¿Serán 14?; cuando regreso a Lima, como que el tiempo se detiene. Mi mamá siempre me recuerda que me lleve una chompa porque hace aire, cosa que, a los 49 años y viviendo afuera hace 20, no ocurre allá. La empleada me prepara mi juguito y me lo trae hasta donde está el computador; definitivamente no sabes qué edad tienes cuando esto ocurre. Al mismo tiempo, mi hijo está llenando su aplicación para el “Dorm” en la universidad, ya que el otro año mis mellizos empezarán esta nueva etapa en sus vidas, lo que me recuerda que no puedo tener 10 ó 15 años porque tengo hijos de 17. ¡Qué bella confusión! De otra parte, mi sobrino ya tiene hijos que tienen 3 y 6 años, o sea que, ¡Ya soy tía abuela!, lo que me recuerda otra vez, que no puedo tener 10 años y más bien, tengo que tener algo más.

El tiempo se detiene. Para los que somos Anconeros de corazón, no hay Asia ni playas del Sur, aparente competencia -relativamente reciente- que me dicen, surgió por el año 2,000. Me cuentan que por allá, en el sur como lo llaman, hay de todo: Wong, Ripley, restaurantes, cine y discotecas, en el famoso boulevard. Pero para mí, el sur no tiene historia, y para mí, historia es lo que cuenta.

Llegamos a Ancón el viernes por la noche. Yo manejo un carro, lo cual es toda una aventura porque desde que me fui del Perú, hay por lo menos 10 millones más de carros que manejan como si ellos fueran los únicos en la pista y mi hermana maneja el otro carro.

Llegamos a Ancón, y en el garaje en el que nos cuadramos desde siempre, nos espera Carhuancho que me dice: “Edificio Santa Teresa, 2do y 3er piso, Sr. Amsel”. ¡Qué sensación más maravillosa!, ¡Tengo 12 años otra vez! Carhuancho se ve igualito, como si el tiempo no hubiera pasado, aunque me dice que ya no escucha bien. Debe de tener como 86 años y en su triciclo, nos lleva todos los maletines hasta el departamento. Algunos toman “Anconetas”, creativo invento de triciclo que lleva a 2 ó 3 personas sentadas, mientras el “Anconetero”, pedalea por la increíble suma de un sol por persona; es decir, más o menos 0.30 centavos de dólar. Yo camino hasta el departamento, porque a estas alturas me siento muy rara de que alguien me maneje desde un triciclo.

Al llegar al edificio, Pablito, el guardián, me abraza y abraza a mis hijos, con nombre y todo. Les dice que todavía tiene guardada la foto de ellos de cuando eran chiquitos, con chupón y todo, y los llevaba encima de su triciclo. Pablito también se ve igualito, aunque me dice que Percy, su hijo mayor, ya tiene 27 años. Subimos al departamento. Algunos se ponen sentimentales, mi mamá no quiso venir con nosotros… mi papá, ya no está. Eso se siente tan raro, a mi papi le encantaba Ancón, la lancha, el mar; lo siento caminar feliz por el departamento, con su sonrisa, disfrutando que sus nietos puedan disfrutar de “Su” departamento y de “Su” Ancón. Y miro Ancón desde el balcón; la arena es negra, el malecón está bien maltratado y sé que el mar va a estar frío. A simple vista no parece ninguna belleza de playa, pero es mi Ancón.

En el “Depa” de mi mamá nos quedamos mis hijos y yo, mi hermana, que vive en Buenos Aires y su hija. En el depa de abajo (2do piso) se queda mi hermana mayor, -que vive en Lima- su hijo y su nuera, y sus nietos. A las 8 bajamos a comer todos juntos. Es viernes y es el día del Shabat para nosotros los judíos, la sensación de prender las velas del Shabat, con el sonido del mar de fondo, junto a mis hermanas, hijos, sobrina, sobrino y sobrinos nietos; resulta para mí, inexplicable. Lo hago todos los viernes, más o menos, en “Boca” con mis hijos; pero esto, no tiene precio.

Al día siguiente amanece nublado. Así es Ancón, nunca se sabe cuándo va a salir el sol. Nos vamos al muelle con mi hermana y mis hijos a buscar pescado y mariscos. Mi hijo, “El amante de la fotografía”, lleva su cámara. ¡Qué maravilla! ¡Eso es fresco! Mis hijos se deleitan mirando a las “Chalanes” llegar con “Harto” Perico (Un pescado, no un ave) mientras tanto, mi hermana escoge pejerrey, choros y uñas de cangrejo, de Esperanza, la casera. ¡Tengo 15 años otra vez!: El muelle, Esperanza, ¡Los “Caseros”!

Luego bajamos a la playa. El día sigue nublado pero no importa, es por la experiencia. Veo a mis hijos sentados debajo de la sombrilla y a mis sobrinos nietos haciendo un pozo y dejo de tener 15 años para tener 40. Pero luego, me encuentro con la señora heladera y con Pedrito, el barquillero, y tengo 20 años de nuevo. Todos se acuerdan de uno. Me siento en una silla de playa, en cualquiera, -porque aquí no importa si es tuya o no; todo se comparte, hasta que si el dueño llega y te la pide- miro a mi alrededor y no reconozco a nadie: Nuevos papás con nuevos hijos. Al igual que mi abuela cuando yo era chica, le pregunto a mi hermana Mary -la que vive acá- quién es quién, y más o menos voy entendiendo: Tengo, definitivamente, 49 años otra vez.

El sol sale tímidamente, y me animo a meterme al mar. Sí, el agua está definitivamente congelada. Me río por adentro: ¡Este es mi Ancón! Aparece mi primo, que llega de Lima de sorpresa con su esposa y sus tres hijos, se quedan a almorzar por supuesto. ¡Ahh, Esto es el Perú! Mi hijo me pregunta como a las 12, a qué hora almorzamos, y yo le digo que si ya se olvidó que se almuerza como a las 5, después de llegar de la playa. Tal como dije, almorzamos a esa hora, a lo que me vuelve a preguntar si se trataba de la cena o el almuerzo. Definitivamente tenemos que venir más seguido, porque mis hijos ya se están olvidando de cómo se hacen las cosas acá.

En la noche, salimos todos a comer al “D’onofrio” y nos encontramos con medio mundo. Todos, gente leal a Ancón: Los “Anconeros” de corazón. El resto está en el Sur… Tengo 20 años de nuevo, nos acordamos de tiempos atrás, nos reímos y mis hijos se vuelven a sorprender de que todos nos conocemos, y hasta se acuerdan de ellos.

Definitivamente, el tiempo no pasa aquí. Debe de ser el aire de mar, el pescado fresco, o la despreocupación. Y como en la serie “Cheers”, todos conocen tu nombre. ¡Gracias mi Ancón! Me has hecho sentir joven otra vez y eso, no tiene precio.

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Janet Amsel Sunshine, LCSW


Janet estudió en la Universidad Católica en Lima y se graduó en 1981 como Sicóloga Clínica. Se mudó a los Estados Unidos en 1986 e hizó una maestría en Adelphi University en New York en Trabajo Social Clínico. Después de residir y trabajar en New York, se mudó a Miami y luego a Boca Raton. Janet tiene una práctica privada de Sicoterapia en Deerfield Beach, FL donde se especializa en pareja y familia. Tambien esta licensiada en hipnósis y regresión a vidas pasadas. Janet realiza sicoterapia en inglés, español y hebreo.

Fotos de Jon Sunshine

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