www.clubdeperuanos.com Enero 2010

¿Qué es lo mejor para mi hija?

Llamamos a Teresa a Piura. Estaba allí desde hace una semana y había pasado un año desde que dejó su país, su familia, sus amigos y lo más importante: Su niña Mariana, de tan sólo dos años y medio.

Queríamos saber por qué una madre toma la difícil decisión de dejar a su hija, para ir en búsqueda de un mejor futuro. ¿Se trata de una decisión egoísta de una madre joven que sólo piensa en ella, sin ni siquiera considerar el costo emocional que infligirá a la hija?; o por el contrario, ¿Es un acto de desesperación de una madre que lucha para darle lo mejor para su hija porque cree que en el Perú no lo podría lograr?

Teresa tenía sólo 22 años cuando tuvo a Mariana. En Piura trabajaba como profesora de inglés. Los sueldos eran miserables, según sus propias palabras, y apenas alcanzaban para cubrir los gastos básicos. Con este panorama. La opción de emigrar, se hacía para ella cada vez más atractiva. Es así como un día, cansada de las dificultades económicas y sin una relación afectiva que compartiera la crianza de su hija, Teresa decide irse, y lo hace sin ni siquiera despedirse de su hija de un año y medio.

Al llegar a España se instaló en Zaragoza. Por lo general en estos casos, los primeros meses son de “sobrevivencia”; pero, según nos cuenta, rápidamente consiguió un trabajo en el “mercado de las pulgas” (flea market o e”El rastro”, como le dicen en España). Allí se dedicó a vender ropa como ambulante; el trabajo le gustaba ya que podía interactuar con la gente. Posteriormente comenzó a limpiar edificios, para, finalmente consiguir un trabajo en un hotel de carreteras como ayudante de camarera.

Ya al menos, había solucionado su problema de “sobrevivencia”, y como ayudante de camarera en un hotel de autopista lograba ganar cerca de 700 euros; mucho más de lo que ganaba en Chulucanas como profesora de inglés. Aunque, claro está, también hay que considerar que Zaragoza es significativamente más caro que Chulucanas.

Pasaron meses intensos, aprendiendo y acostumbrándose al país, adaptándose a su forma de vida. Luego, vino la realidad; en abril, Teresa entró en una depresión terrible. “Sufría de pesadillas y ansiedad, lloraba de rabia” ¿Que había hecho? ¡Dejó a su hija de sólo un año y medio sin ni siquiera despedirse.! Estaba en una ciudad lejana trabajando un mínimo de 10 horas diarias para así poder cubrir sus gastos y enviar algo de dinero a Chulucanas; pero ¿Cuál era el costo?. Teresa estaba devastada, se encontraba sola en Zaragoza, con carencias afectivas y con el cargo de culpa de haber dejado a su niña, a su bebé. Es allí cuando piensa seriamente en volver, pero el retorno demoró siete meses, y fue sólo por unas semanas.

Este mes, Teresa volvió y encontró a su niña, ya de dos años y medio. La niña ha crecido muchísimo. El encuentro de madre e hija estremeció a toda la familia. Ahora están ambas juntas, pero las heridas de ese año de la madre “ausente” ya se pueden ver. Por ejemplo, con tan sólo dos añitos y medio, la niña ya tiene miedo que le “abandonen” nuevamente. “Cuando salgo sola por un momento, mi hija se pone a llorar porque dice que no voy a volver”. Lo más triste, es que la bebe tiene razón, ya que Teresa en unas semanas volverá a España nuevamente. Teresa trata de racionalizar su decisión. Dice que los niños no son de uno, sino del mundo. “Una los trae al mundo pero uno no es dueño de ellos” reflexiona. Por supuesto, pero quizás esto deba de ser para los adolescentes, pero no necesariamente para una criatura de año y medio. Durante los primeros años de la vida de uno, los padres, ya sea pobres o ricos, deben de estar con los hijos, y prepararlos para que luego puedan enfrentar los retos de la vida. Las carencias afectivas, y el abandono a tan temprana edad definitivamente le dejará huellas a esa niña, marcas que probablemente serán muy difíciles de cicatrizar.

No tenemos claro por la conversación, si la motivación principal del viaje de Teresa allá realmente fue la desesperación económica. Sabemos que ganaba poco, pero no era un problema de extrema pobreza o hambre. Sin embargo, mientras Teresa sigue "luchando" en Europa, Mariana sigue creciendo. Pronto empezará el nido, quizás sus cuadernos sean más nuevos que los de sus compañeritas, quizás su ropa sea más linda que la del resto de sus compañeras; sin embargo, a diferencia de las otras niñas, la mamá de Mariana no la besa todas las noches, ni le dice “buenas noches”. No juega con ella, ni la abraza, ni la reta. ¿ El costo que está pagando Mariana acaso no es muy alto?

Entrevistado por: Luis Campos

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