www.clubdeperuanos.com Febrero 2007

¿Qué pasa que no aprendemos?

Carta del Fundador

Hace unos días, más de 200 personas, entre intelectuales, artistas y ciudadanos, marcharon en las playas del Sur de Lima, vestidos de empleadas del hogar, como gesto de desaprobación a la política de muchos balnearios, de no permitir que las “empleadas domésticas”, se bañen en el mar. El grupo, bastante diverso, formó una cadena humana evitando que la gente pudiera entrar a bañarse. La protesta, que ha tenido bastante cobertura en la prensa limeña, ha generado controvertidas opiniones. Ahora bien, ¿Qué es lo que sucede?

Los balnearios del Sur de Lima, en Asia, tienen reglamentos que funcionan como los de un condominio o una urbanización, regulando el color del que pueden pintar la casa, la altura de las viviendas, etc. Gracias a ello, han creado urbanizaciones bastante armoniosas y organizadas. Sin embargo, también hay reglas que “regulan” el uniforme de las empleadas domésticas y las horas en que se pueden bañar en el mar, que generalmente es cuando el sol ya se está ocultando, después de las 6 de la tarde.

Considerando que muchas de las empleadas domésticas (que generalmente son mujeres) pasan horas y horas cuidando a los niños, viven en sus casas 6 días de los 7 de la semana y pasan todo el verano, en la casa de playa “frente” al mar; el no dejarlas bañarse, es por decir lo menos, y sin miedo a ofender, absurdo, “huachafo” y porque no, racista.

Absurdo y huachafo, porque no hay necesidad de prohibir a la empleada, bañarse en el mar o tomar sol en ropa de baño durante sus “breaks”. Es una regla que demuestra una insensibilidad absoluta con personas que viven bajo su mismo techo y con iguales necesidades fisiológicas. Acaso, ¿No pueden asumir que si la temperatura es de casi 100 grados Fahrenheit, y la empleada se la ha pasado todo el día “corriendo” cuidando a sus hijos e hijas, ellas también necesiten refrescarse, sobretodo teniendo el mar a sólo unos metros?.

Reglas como éstas, no demuestran que tan “exclusiva” es una comunidad, sino lo atrasada y retrógrada que es. El aceptar, o no denunciar estas reglas discriminatorias, no hace más que acentuar los problemas sociales de nuestro país. Si estas familias, que son las más afortunadas del país, son insensibles con las personas que trabajan en su propio hogar, sin preocuparse ni siquiera por las condiciones laborales, ¿Cómo vamos a tener la sensibilidad social que se requiere para cambiar un país donde la mitad de su población vive en pobreza y extrema pobreza? ¿De qué nos sirve hablar de inclusión social, cuando justamente las reglas de estas familias privilegiadas, son excluyentes e insensibles?

Es sólo sentido común. Denunciemos estas reglas discriminatorias que son la leña de los conflictos sociales, tan bien usados por candidatos como Humala. Todos queremos un país en paz, y más justo, y esa justicia, debe de empezar en casa.

Javier Justo
Fundador
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Javier Justo
Presidente de Justonline Inc, una compañía de publicidad online en Miami. Javier estudió en la "Pontificia Universidad Católica del Perú", en la "Universidad de Lima" y en la "Universidad de Maryland" donde se graduó con un Bachiller en Economía. Javier tiene un Master en Administración de Empresas (MBA) de la "American Graduate School of International Management - Thunderbird."
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