El Amor…
Por Janet Amsel Sunshine
De jóvenes, Florentino Ariza y Fermina Daza, se enamoran apasionadamente, pero Fermina, eventualmente decide casarse con un médico rico y de buena familia. Florentino, se siente derrotado, pero es un romántico. Su carrera en los negocios florece, y aunque sostiene seiscientos veintidós romances, su corazón siempre le pertenece a Fermina. Cuando al final el esposo de ella muere, Florentino, acude al funeral con toda intención. “Fermina- le dice- he esperado esta ocasión durante más de medio siglo, para repetirle una vez más el juramento de mi fidelidad eterna y mi amor para siempre…”,“… habían transcurrido desde entonces cincuenta y un años, nueve meses y cuatro días”.
Gabriel García Márquez en “El amor en los tiempos del cólera”.
Esta imagen romántica del amor, la que nos hace suspirar tanto a las mujeres como a los hombres, ha existido desde los comienzos de la humanidad. En el Antiguo Testamento, se ve expresada en el bello libro de El Cantar de los Cantares, que es atribuido al Rey Salomón. Existen diferentes interpretaciones del Cantar. Unos dicen que narra el amor de Salomón con la Sulamita, su primer amor. Dentro del Judaísmo se interpreta como las bodas de Jehová con su Pueblo. En el Cristianismo, se ve como las bodas de Cristo con su Iglesia; sin embargo, a primera vista y sin interpretar los numerosos simbolismos y alegorías, se lee como un encuentro erótico y romántico entre el hombre y la mujer. En la edad moderna, nos encontramos con la historia de Romeo y Julieta, de Shakespeare; y Don Quijote y Dulcinea, de Cervantes. Durante el Siglo de Oro Español hasta Gabriel García Márquez, en el siglo XX, el amor romántico pasa a ser el prototipo y la imagen idealizada que todo ser humano quisiera tener en su vida de pareja. Esta idea se ve aún más reforzada a través de las películas “hollywoodenses”, tanto en las clásicas como “Casablanca”, “Dr. Zhivago” y “Lo Que el Viento se Llevó”; hasta las más modernas como “Titanic”, “The Bridges of Madison County” y “27 dresses”. “Love conquers all”, es el mensaje. ¿Cuál es la verdad respecto al amor? Y la verdad, valga la redundancia, es que la respuesta no es tan simple. Las descripciones dentro de todos los ejemplos anteriores, son sólo la representación de la primera etapa del enamoramiento. Es la etapa de la infatuación y la lujuria. Los científicos, brindan una serie de informaciones sobre este “fenómeno” llamado enamorarse, que desmitifica el envanecimiento y revela la verdad sobre el amor. Con ello, entramos al campo de la neurobiología para entender qué sucede cuando entramos a este mundo mágico del amor.
El síndrome de la infatuación es un perfecto ejemplo de la Naturaleza en acción. Todas las conductas que acompañan la experiencia del enamorarse, son traídas por un cambio drástico en la química del cerebro. Cuando entramos en contacto con una persona que nos atrae, nuestro cerebro se satura con un “cocktail” de amor compuesto por phenyletylamina (PEA) y otra serie de neurotransmisores, incluyendo la dopamina y la norepinefrina. Ellos trabajan en conjunto para desencadenar efectos que incluyen, entre otros, una actitud deliciosamente optimista ante la vida, aumento de eneroía, menos necesidad de dormir, y falta de apetito. Concentraciones elevadas de dopamina en el cerebro se asocian con estados elevados de euforia. ¿Suena conocido? Es como un estado de embriaguez. Estos componentes químicos son tan potentes que los amantes infatuados hasta llegan a tener un cambio temporal de personalidad. La persona tímida, se torna extrovertida en su conquista del ser amado, la persona súper responsable se olvida de sus obligaciones, la persona callada, se convierte en una habladora.
Es importante, estar consciente, que la infatuación sólo es el comienzo del amor y no se debe de confundir este poder temporáneo, con una condición permanente o con amor verdadero. Se dice que “el amor es ciego”, pero la frase correcta tendría que ser: “La infatuación es ciega”. Todo se ve de color de rosa en esta etapa. Si la persona por la que uno se siente atraído toma mucho, se le describe como que es muy alegre; si trabaja muy poco, se la ve como que es tan relajado. Is the “love potion”.
Todo esto es maravilloso, pero, ¿Qué sucede cuando uno “despierta” un día y se ajusta los espejuelos y descubre que su amada/o no era como lo venía viendo? ¿Qué sucede cuando su amado o amada y su relación de pareja no corresponde con las historias de amor previas? ¿Culpamos a nuestra pareja, decidimos que no somos el uno para el otro y nos separamos o lo dejamos ir?
La verdad es que las relaciones de pareja toman trabajo y dedicación. El amor no basta. Estar enamorado no basta, y lamentablemente, la primera, hermosa y alucinante etapa de infatuación, regalo de nuestros neurotransmisores, sólo dura unos meses. Dentro de toda la historia de una relación de pareja, es la etapa más corta y pasajera de todas las siguientes etapas que pasará una relación. Cuando la realidad se asienta, y uno ve a su amado con sus virtudes y defectos, es cuando la relación recién empieza. Cuando hay que lidiar con los problemas cotidianos, como pagar las cuentas, lidiar con el trabajo, los chicos, los quehaceres de la casa, la relación recién empieza. Y trabajar en la relación, para lograr mantener la llama de la pasión original, aceptar las discrepancias, aprender a pelear justamente y por sobre todo, aprender a amistarse, es tan o más primordial que la primera y hermosa etapa de infatuación. Al igual que una planta, toda relación necesita de riego. Trabajo arduo y delicado el de mantenerse en una relación de pareja o en un matrimonio. Pero las creces son infinitas: Un amor maduro en el que uno mantiene la pasión de la llama original acompañado de apoyo, compañerismo y amistad.
Así que en este Día de los Enamorados, quiero que sepas que el amor es todo, pero también es nada si uno no se dedica a él.
Happy Valentines’s Day
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