Peruano del Mes : Martín Silva
Martín no había terminado la escuela secundaria cuando su familia decidió enviarlo a Kansas City. Recuerda su primer día de clases como si fuera ayer; era el único latino en todo el colegio, y su único contacto para poder comunicarse con el resto de profesores y alumnos durante esos primeros y aciagos días, fue el profesor de idiomas, un cubano que le fue de mucha utilidad.
Así remontándose a sus años mozos, Martín, al que en Lima llamaban Taro, recuerda cuando una de sus profesoras, al considerar su nombre muy difícil de pronunciar, le cambió el nombre a John. Pero Martín fue John sólo por esa clase, ya que, le gustara o no, ella tuvo que acostumbrarse al nombre y al niño latino que llegaba a Kansas City desde el Perú.
Así pasaron los años y después de terminar el colegio, Martín vuelve a Lima. Era la época de Alan García, y el país, como muchos recordamos, eran un país en caos. Él como miles de otros decidió salir; mudándose con toda la familia a Chile. El país del sur no los convenció, el smog, el frío y una ciudad que muchos consideran aburrida, y hasta cierto punto poco estimulante, los motivó a mudarse nuevamente, pero esta vez, hacia los Estados Unidos. Para él no fue tan difícil, total, ya había tenido una experiencia en una ciudad netamente anglo-sajona (Kansas), por lo que, decidió mudarse a una ciudad cálida y latina: Miami.
Siempre fue trabajador y empeñoso, y la idea de empezar de nuevo, no le asustó. De esta suerte, una vez establecido en esta ciudad a orillas del mar, trabajó en un gimnasio por unos años, para luego pasar a una multinacional norteamericana de comunicaciones, Sprint. En dicha empresa tuvo la oportunidad de desenvolverse en diferentes áreas; así la experiencia ganada, le permitió tras unos años, decidirse a lanzar algo que lo estaba consumiendo: Su propia línea de joyas.
Fue así como lo conocimos: Radiante y feliz en el lanzamiento de su colección hace ya unos meses en el exclusivo Hotel Ritz Carlton de South Beach. Por la pasarela desfilaban decenas de modelos con una colección de collares, brazaletes, tobilleras, aretes con piedras semipreciosas; joyas que se ponían en la cintura, en el cuello, en las muñecas o donde la imaginación les sugiriera. El creador de la línea de bijouterie nos cuenta que bautizar la marca fue como nombrar a un hijo. “Después de probar diferentes nombres, me decidí por “Twinestones”, que significa piedras entrelazadas y trabajo con piedras”, rememora.
Para este poeta de la joyería, la misión es combinar la belleza superficial de las piedras, como la turquesa, ágata, amatista, ópalo, citrino o el coral, con los poderes que se cree poseen, extendiéndose desde lo curativo a la abundancia y el amor.
Han pasado ya unos meses desde el lanzamiento de “Twinestones”, y las joyas ya pueden verse en las mejores boutiques del Sur de la Florida. Por ejemplo, en el exclusivo “mall” de Bal Harbour sus joyas están en Jiki; y en South Beach se exhiben en Astoria.
La clave de éxito fue la combinación de piedras semi-preciosas peruanas, con el talento y la creatividad de los artistas en Perú, y la “expertise” y el “know –how” de un equipo profesional en los Estados Unidos. “Esto permitió el nacimiento de una marca, que aunque por el nombre no tiene indicio alguno de peruano; pero, los diseñadores, las piedras y la producción se hacen en Lima”, nos explica con la mirada esbozando un modelo nuevo a puertas de nacer. Y por supuesto, nosotros no le cambiaremos el nombre a “Piedras Entrelazadas”, como lo haría la versión “local” de la profesora de Kansas de Martín.
Así nos despedimos, pero tuvimos que llamarlo nuevamente al percatarnos de habernos olvidado de un importantísimo detalle: Que nos cuente cuál era su plato favorito. El artista se transformó entonces en gourmet, y casi paladeando los ingredientes nos dijo sin titubear: El “Lomo Saltado”.
Felicitaciones Martín y que sigan los éxitos!!!
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Redacción : Lúa Garma
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