¿Iguales ante la ley?
Primero fue Holanda en el 2001, dos años después Bélgica le siguió el paso. El mes pasado fue España y este mes Canadá. La unión matrimonial entre dos personas de un mismo sexo es ya una realidad, pero ¿qué esta pasando en el mundo?, ¿acaso estos países son claros ejemplos de sociedades decadentes?, ¿estaremos viviendo algo similar a Sodoma y Gomorra, con el fin que todos conocemos, o se trata más bien del tan esperado reconocimiento a un grupo minoritario, discriminado por una supuesta mentalidad moralista alimentada por fanatismos fundamentalistas?
Hace algunos años, en la década de los setenta, se pensaba que la homosexualidad era una elección. Es decir, que a alguien le gustasen los hombres o las mujeres, era como decidir entre comprar un suéter blanco o negro, entre tomar un helado de vainilla o uno de chocolate. La sexualidad era una cuestión de elección, y había que hacerlo bien, ya que de eso dependían cosas como la aceptación de los otros o tal vez el éxito profesional. Lógicamente, viviendo en un escenario como éste, había que estar realmente mal de la cabeza para “optar” por ser gay. De ser así, se decía que la persona padecía de una seria enfermedad mental que debía ser curada inmediatamente. Inclusive, recién en 1973, la Escuela de Psiquiatría decidió sacar de la lista de enfermedades mentales a la homosexualidad.
La opción de vivir fuera del “closet”, como dicen los norteamericanos a los que aceptan abiertamente su homosexualidad, es relativamente nueva. Hace algunas décadas e inclusive años, la represión social, llevaba a muchas personas homosexuales a formar una familia y, paralelamente, mantener una relación homosexual a escondidas, con una persona que, probablemente, se encontraba en la misma condición que él o ella, es decir, también casado/a y con familia. En los setentas -como actualmente aún lo es en muchos países árabes- ser abiertamente gay no era una opción. En algunos de ellos, las relaciones homosexuales son penalizadas e, inclusive, motivo de cárcel. Un homosexual tendría que ser literalmente “demente” para declararse gay a los cuatro vientos, con lo que sólo le queda casarse y llevar una doble vida.
Afortunadamente, vivimos en un país donde se aprecia la libertad. Es más, criticamos a los países en donde las personas no poseen los mismo derechos. Criticamos abiertamente el sistema opresivo de los talibanes, el cual prácticamente quitó a las mujeres la posibilidad de elegir. En estas sociedades, las mujeres no podían elegir ir a la escuela, no podían elegir una profesión y mucho menos podían elegir la persona con quién deseaban contraer matrimonio. Todo ese control era justificado sobre la base de una interpretación “humana” y, por lo tanto, errónea del Corán. La religión mal interpretada era -y es aún en muchos paises- una herramienta opresiva, en este caso, para el desarrollo de la mujer. ¿Hay alguna posibilidad de desarrollarse como persona bajo tales condiciones -no poder manejar, no poder estudiar o ni siquiera poder ir al doctor y desnudarse para ser examinada- que nos vejan como seres humanos? No lo creo.
Pongamos otro ejemplo de privación de libertades. En algunos países, se sufrió por décadas el racismo sistematizado. En Sudáfrica, por ejemplo, hace sólo unos cuantos años, los negros no podían votar en las elecciones, ¿ridículo no creen? O sin ir muy lejos, en los Estados Unidos, los matrimonios interraciales estaban prohibidos y penalizados por la ley. Sinceramente, hoy nos cuesta creer que alguna vez, las personas pudimos vivir en un mundo como ese.
Volviendo al tema que abordamos al principio, el porcentaje de gays en el Perú es el mismo que existe en los Estados Unidos, Canadá, España o Arabia Saudita. La diferencia está en el sistema, es decir, si la sociedad permite o no que los gays se desarrollen plena y libremente como personas. ¿Acaso los homosexuales son una amenaza para las familias “tradicionales”?, ¿cómo puede afectarme el hecho de que Pedro después de trabajar vaya a casa y lo espere Pablo en lugar de Maria?, ¿la sociedad española es una sociedad decadente, mientras que la sociedad saudita es ejemplar?
Holanda, Bélgica, España y Canadá ya han dado un gran paso, reconociendo la unión matrimonial de homosexuales y, en algunos casos, lo han hecho inclusive con la oposición de una importante mayoría. ¿Podría el Perú ser un pionero en América Latina ?, ¿por qué no demostrar que más allá de lo que puede pensar una mayoría, lo importante es que todos debemos tener los mismos derechos ante la ley? Si dos personas adultas del mismo sexo se enamoran y deciden compartir su vida y casarse, ¿por qué privarlas de hacerlo? Es un simple tema de derechos iguales para todos. Recordemos que la esencia de toda democracia radica en el hecho de velar por el bienestar de todos sus ciudadanos, sin importar color de piel, género, religión, educación u orientación sexual.
Escrito por: Javier Justo
Redaccion : Lua Jauregui
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