www.clubdeperuanos.com Octubre 2006

NO SOY DE AQUÍ NI SOY DE ALLÁ
Por Janet Amsel Sunshine

Tratando de decidir qué escribir éste mes, pensé en los factores Psicológicos de la inmigración. Javier me había comentado muchas veces que la mayoría de los que leen la revista, han inmigrado hace más de cinco años y no son recién llegados. Me cuestioné entonces si debía de escribir sobre este tema; y concluí, que no importa cuánto tiempo uno esté fuera de su país: El ser inmigrante siempre es tema de discusión.

Dejar el país de origen involucra pérdidas muy profundas; uno tiene que dejar de lado desde las comidas, costumbres, idioma materno hasta familia, amigos y colegas. La pérdida viene, generalmente, acompañada al comienzo por mucha tristeza, nostalgia y duelo. Uno de los desencadenantes de la depresión, es el mudarse de un lugar a otro. Está clasificado, en el inventario de Depresión de Beck, como el cuarto factor de importancia después de perder a un ser querido o divorciarse.

Las diferentes experiencias de dislocación pueden ser examinadas en términos de la habilidad del inmigrante de hacer el proceso de duelo o no. Antes de mudarme, recuerdo haberme apresurado a terminar mi tesis en Lima, para así poder mudarme a los Estados Unidos con “mi título”. Al llegar a Nueva York, me di con la sorpresa de que mi título de Psicóloga no era aceptado. Al mandar a revalidarlo, se concluyó que sólo tenía un bachillerato, con lo que directamente, no podía ejercer. Tenía que volver a la universidad para hacer un Doctorado, e inclusive, repetir algunos de los cursos que ya había tomado en Perú.
Opté por la Maestría en Trabajo Social Clínico en vez del Doctorado en Psicología Clínica. Éste tomaba dos años en vez de cinco, y me permitía ejercer Psicoterapia, que es lo que yo quería. Allí tuve mi primer conflicto de identidad: Ya no era Psicóloga, sino Social Worker. Aunque suene tonto y superfluo, me chocó tremendamente. Primero, tuve que volver a convertirme en estudiante después de ya haber ejercido en Lima, luego, tuve que hacer un internado y escuchar a mi supervisora, que, aquí entre nos, no sapía nada comparado con lo aprendido en La Católica .
Yo me estaba resistiendo tremendamente a aceptar lo que debía hacer: Hacer mi proceso de duelo y asumir mi nueva identidad. Cuando logré entender eso, se me hizo mucho más fácil la transición, ya que todo inmigrante tiene que dejar parte de su individualidad, por lo menos temporalmente, de manera de poder acomodarse en el nuevo medio ambiente.

Pienso que el proceso de adaptación está determinado por una serie de factores. En primer lugar, está el grado de elección al dejar el país natal. Por ejemplo, yo no dejé el Perú por elección mía: Fue mi ex esposo el que decidió hacerlo, por su carrera, además de ser norteamericano. Durante mi proceso de adaptación, recuerdo siempre haberlo culpado a él por mi tristeza.
Mis padres, que dejaron Polonia a raíz del anti-semitismo, estaban tan agradecidos al Perú, que mi madre decidió no hablar nunca más el polaco, adoptó el castellano y se olvidó que era polaca. Su obligado exilio la ayudo a olvidarse de su país natal. Mi “no obligado” exilio, me impedía asimilarme. En segundo lugar, está la posibilidad de visitar o no la patria. Aquellos que pueden ir y venir libremente, sufren mucho menos que aquellos que están prohibidos de ese “recargo emocional”. Por otro lado, las diferencias culturales entre el país adoptivo y el país de origen, es otra variable importante. Mudarse a los Estados Unidos desde Canadá o Inglaterra no es lo mismo que mudarse de Latinoamérica. Es por ello que la gente se muda a barrios ya “colonizados” por compatriotas y conocidos. Para poder adaptarse y sufrir lo menos posible al inmigrar, resulta de suma importancia el apoyo de amigos o familiares que ya se encuentran en el nuevo país. Éste apoyo incluye desde el emocional hasta el informativo.

Otro problema serio que el inmigrante enfrenta, es cómo encontrar su sitio, su lugar en la nueva comunidad; y adquirir una nueva Posicón social, económica y estatus profesional; factores con los que contaba en su país de origen. En el nuevo país, nadie lo conoce, y la sensación de anonimidad suele ser muy desalentadora. Además de mudarme del Perú para los Estados Unidos, yo me mudé muchas veces dentro del país. Recuerdo que mi manera de determinar si ya era parte de un lugar, era si me encontraba con gente conocida en el súper. Allí, ya me sentía establecida.

Uno pensaría que luego de 20 años, ya está adaptado y no se cuestiona volver a su país. Cuando cinco años atrás me divorcié, me empecé a cuestionar la posibilidad de regresar al Perú y criar a mis hijos cerca de mi familia. El problema era que cuando iba de visita a Lima, la pasaba muy bien: Los mejores restaurantes, peñas y amigos de primera; pero me molestaba el cigarrillo, el ruido de los ómnibus y la burocracia de cada trámite: Yo ya no era de allá, pero tampoco de aquí.

Cada país tiene sus pros y sus contras y eso es lo que debemos de aceptar. Conozco gente, entre ellos muchos de mis pacientes latinos que solo tienen amigos hispanos con la lógica de que “los "gringos" son muy fríos o muy rígidos”. Uno logra encontrar todo tipo de gente, no importa la nacionalidad. Yo, por estar en Boca Raton, donde no hay tantos latinos como en Miami, no tuve otra opción que hacerme amigos de "gringos". Y tengo que decir que son excelentes amigos conmigo y con mis hijos. Son tan abiertos que han aprendido a comer comida peruana. El mejor ejemplo, que me hace gracia pensar, es que siempre tengo que tener Inca Kola en mi casa porque a los amigos de mis hijos les encanta! Lo más sano es preservar las costumbres del país natal e incorporar las del país adoptivo. Si lo tomamos así, sentiremos que nuestra vida se enriquece.

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Janet Amsel Sunshine, LCSW
Janet estudió en la Universidad Católica en Lima y se graduó en 1981 como Sicóloga Clínica. Se mudó a los Estados Unidos en 1986 e hizó una maestría en Adelphi University en New York en Trabajo Social Clínico. Después de residir y trabajar en New York, se mudó a Miami y luego a Boca Raton. Janet tiene una práctica privada de Sicoterapia en Deerfield Beach, FL donde se especializa en pareja y familia. Tambien esta licensiada en hipnósis y regresión a vidas pasadas. Janet realiza sicoterapia en inglés, español y hebreo.




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