www.clubdeperuanos.com Octubre 2006
Los que vuelven

Todos vuelven a la tierra en que nacieron, al embrujo incomparable de su sol, todos vuelven al rincón donde vivieron, donde acaso floreció más de un amor; dice una canción peruana muy significativa, y es muy cierto. Este mes, Roxanna Ayllón, Manuel Rodoutt y Luis Alberto Ahén, comparten con nosotros su experiencia de irse y volver a la tierra natal.

Cuatro fueron las preguntas casi obligadas que le hicimos a cada uno de ellos: ¿Por qué se fueron del país?, ¿Por qué volvieron?, ¿Qué es lo que más les gusta del Perú?, y ¿Qué es a lo que aún les cuesta acostumbrarse?. Aquí sus relatos.

Roxanna, se fue en Agosto 2000 porque le dieron una beca para hacer una maestría en Ciencias Ambientales, en la Florida International University; pero siempre -como nos comenta- con la intención de regresar. “Quería trabajar en Perú utilizando las herramientas que aprendí durante mis estudios, especialmente porque en el área de conservación ambiental hay mucho por hacer”.

Cinco años antes que ella, en 1995, Luis Alberto había tomado la misma decisión de enrumbar hacia tierras lejanas, tras una fuerte preocupación por cómo se venía perfilando, en aquel momento, el poder corrupto del presidente de turno. “Inicialmente me dije: "Me voy para no volver", pero la verdad es que, el estar lejos, sin tener contacto presencial con los íntimos familiares, me hizo recapitular”, recuerda con nostalgia. A Manuel, le llegó el turno de irse en febrero del 1992, y la razón principal fue que no se encontraba bien como profesional, ya que, por aquel entonces, no ganaba mucho. “Más o menos unos 300 dólares mensuales”; nos comenta.

Pero lo cierto es que si bien las razones pueden ser muy diversas, para sentirlo, hay que vivirlo en carne propia. Así, ¿Qué extrañan más estando lejos del terruño? ”Mis hijos, mi madre, mis hermanos, algunos amigos, y las sabrosas manos culinarias de mi gente”; comenta Luis al igual que Roxanna. Mientras que Manuel nos dice: “Mi ex-novia, el ceviche, las fiestas de Barranco y ¡El sur!”.

El destino a veces nos hace alejarnos de nuestro barrio, pero este sacrificio nos da nuevas experiencias que nos hacen crecer como persona; como nos dice Luis, " La lejanía me hizo más sensible, querer más a las personas y aceptar que no todo es malo. Me hice más profesional y más analítico”.

Por su parte Roxanna nos expresa que aprendió a ser completamente independiente y a resolver situaciones complicadas rápidamente, así como a recuperarse rápido de los golpes y pruebas de la vida.

La experiencia de Manuel es más compleja, ya que el destino le jugó otra partida. Aquí su testimonio:
“Después de vivir años en EEUU y pese a casarme y tener un hijo, fui deportado a Lima en octubre de1998. Había estado detenido en Colorado (Prisión Federal de Aurora) por 6 meses por “Felony on record personals” (Suplantación de identidad). Me deportaron esposado de los pies y de las manos; y para mi mala suerte, la aeromoza del avión, que había estudiado conmigo, al verme bajó la cabeza y me miró con una sonrisa para luego invitarme una botella de whisky. Al llegar al Aeropuerto Jorge Chávez, la INTERPOL me detuvo y me depositó en la comisaría del aeropuerto, donde previo pago de 20 dólares, me dejaron en libertad.

Todos vuelven por la ruta del recuerdo, y ¿Cómo encuentran el país que los vio nacer? Les preguntamos a nuestros entrevistados. “Uno tiene que haberse ido para ver las mejoras”, nos dice Roxanna a rajatabla; pero como dice el dicho, no todo lo que brilla es oro. Manuel, a quien le disgustan el caos vehicular y los robos, resignado dice: “Entendí algo, por más que Lima sea así, se extraña, por más duro que sea, aquí o en Cape Town”.
Luis Alberto fue más aventurero y regresó por tierra, entró por Tumbes y a par que iba redescubriendo el paisaje único de nuestro Perú, nos cuenta haberse percatado de la pobreza de aquellas zonas, de gente que todavía va descalza al colegio, de la falta de agua. “La gente iba con baldes a cierto lugar a cargar agua y las cisternas hacían su agosto; la preocupación me asaltó nuevamente, y me pregunté ¿Esto sigue ocurriendo? Pero bueno, el tomar decisiones es parte de la vida, así como dejar parte de ella atrás para comenzar una nueva”, nos asegura convencido.

Quisimos saber entonces si se arrepentían o no de volver; para Roxanna fue una bendiceón el haber podido regresar a su país para trabajar en su campo. “Adoro el Perú y veo muchas posibilidades de crecimiento y mejora en él”, nos dice con ojos de esperanza.

Luis Alberto, tampoco se arrepiente, ni de irse, ni de volver; ya que se hizo profesional, aprendió a trabajar y a superar obstáculos.

En cambio Manuel, sí se arrepintió; o mejor dicho, no tuvo otra opción. Tuvo que quedarse 3 años, para luego emigrar, pero ya no podía ir a EE.UU. “ “Emigre a lo más fácil, Argentina, donde viví hasta hace dos años. Puedo rendirle mi agradecimiento a ese país de emigrantes y de cientos de historias similares a la mía que conocí allá. Cierto día emigré a Sudáfrica y actualmente vivo en Cape Town, donde somos considerados como buenos trabajadores...algún día regresaré a Rhode Island “.

Como ven, la historia de estos tres peruanos es tan variada como sus propias experiencias. A Manuel lo deportaron; sin embargo, ahora vive en Sudáfrica soñando en que algún día volverá a Rhode Island. Luis Alberto, sigue disfrutando nuestro país, y aunque detesta el caos, está contento de volver. Finalmente, Roxanna vive a cuatro horas de Cusco, feliz con su trabajo y contribuyendo con sus conocimientos al país que la vio nacer.

Entrevista desde Lima por Luis Campos

Redacción: Lúa Garma Jáuregui

@Club: Agradecemos a Roxanna, Luis Alberto y Manuel por compartir sus testimonios con nosotros, e invitamos a quien quiera contarnos su historia también para compartirla;
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