| Los que
vuelven
Todos vuelven a la tierra en que nacieron, al embrujo incomparable de su
sol,
todos vuelven al rincón donde vivieron, donde acaso floreció
más de un amor; dice una canción peruana muy significativa, y
es muy cierto. Este mes, Roxanna Ayllón, Manuel Rodoutt y Luis
Alberto Ahén, comparten con nosotros su experiencia de irse y volver
a la tierra natal.
Cuatro fueron las preguntas casi obligadas que le hicimos a cada uno de
ellos: ¿Por qué se fueron del país?, ¿Por qué
volvieron?, ¿Qué es lo que más les gusta del Perú?, y
¿Qué es a lo que aún les cuesta acostumbrarse?. Aquí
sus relatos.
Roxanna, se fue en Agosto 2000 porque le dieron una beca para hacer una
maestría en Ciencias Ambientales, en la Florida International
University; pero siempre -como nos comenta- con la intención de
regresar.
“Quería trabajar en Perú utilizando las herramientas que
aprendí durante mis estudios, especialmente porque en el área
de conservación ambiental hay mucho por hacer”.
Cinco años antes que ella, en 1995, Luis Alberto había tomado la
misma decisión de enrumbar hacia tierras lejanas, tras una fuerte
preocupación por cómo se venía perfilando, en aquel
momento, el poder corrupto del presidente de turno. “Inicialmente me dije:
"Me voy para no volver", pero la verdad es que, el estar lejos, sin tener
contacto presencial con los íntimos familiares, me hizo recapitular”,
recuerda con nostalgia. A Manuel, le llegó el turno de irse en febrero del 1992, y la
razón principal fue que no se encontraba bien como profesional, ya
que, por aquel entonces, no ganaba mucho. “Más o menos unos 300
dólares mensuales”; nos comenta.
Pero lo cierto es que si bien las razones pueden ser muy diversas, para
sentirlo, hay que vivirlo en carne propia. Así, ¿Qué extrañan
más estando lejos del terruño? ”Mis hijos, mi madre, mis hermanos,
algunos amigos, y las sabrosas manos culinarias de mi gente”; comenta Luis
al igual que Roxanna. Mientras que Manuel nos dice: “Mi ex-novia, el
ceviche, las fiestas de Barranco y ¡El sur!”.
El destino a veces nos hace alejarnos de nuestro barrio, pero este
sacrificio nos da nuevas experiencias que nos hacen crecer como persona;
como nos dice Luis, " La lejanía me hizo más sensible, querer
más a las personas y aceptar que no todo es malo. Me hice más
profesional y más analítico”.
Por su parte Roxanna nos expresa que aprendió a ser completamente
independiente y a resolver situaciones complicadas rápidamente,
así como a recuperarse rápido de los golpes y pruebas de la
vida.
La experiencia de Manuel es más compleja, ya que el destino le
jugó otra partida. Aquí su testimonio: “Después de vivir
años
en EEUU y pese a casarme y tener un hijo, fui deportado a Lima en octubre
de1998. Había estado detenido en Colorado (Prisión Federal de
Aurora) por 6 meses por “Felony on record personals” (Suplantación de
identidad). Me deportaron esposado de los pies y de las manos; y para mi
mala suerte, la aeromoza del avión, que había estudiado
conmigo, al verme bajó la cabeza y me miró con una sonrisa
para luego invitarme una botella de whisky. Al llegar al Aeropuerto Jorge
Chávez, la INTERPOL me detuvo y me depositó en la
comisaría del aeropuerto, donde previo pago de 20 dólares, me
dejaron en libertad.
Todos vuelven por la ruta del recuerdo, y ¿Cómo encuentran el
país que los vio nacer? Les preguntamos a nuestros entrevistados.
“Uno tiene que haberse ido para ver las mejoras”, nos dice Roxanna a
rajatabla; pero como dice el dicho, no todo lo que brilla es oro. Manuel, a
quien le disgustan el caos vehicular y los robos, resignado dice: “Entendí
algo, por más que Lima sea así, se extraña, por más
duro que sea, aquí o en Cape Town”.
Luis Alberto fue más aventurero y regresó por tierra,
entró por Tumbes y a par que iba redescubriendo el paisaje
único de nuestro Perú, nos cuenta haberse percatado de la
pobreza de aquellas zonas, de gente que todavía va descalza al
colegio, de la falta de agua. “La gente iba con baldes a cierto lugar a
cargar agua y las cisternas hacían su agosto; la preocupación
me asaltó nuevamente, y me pregunté ¿Esto sigue ocurriendo?
Pero bueno, el tomar decisiones es parte de la vida, así como dejar
parte de ella atrás para comenzar una nueva”, nos asegura
convencido.
Quisimos saber entonces si se arrepentían o no de volver; para
Roxanna fue una bendiceón el haber podido regresar a su país
para trabajar en su campo. “Adoro el Perú y veo muchas posibilidades
de crecimiento y mejora en él”, nos dice con ojos de esperanza.
Luis Alberto, tampoco se arrepiente, ni de irse, ni de volver; ya que se
hizo profesional, aprendió a trabajar y a superar
obstáculos.
En cambio Manuel, sí se arrepintió; o mejor dicho, no tuvo
otra opción. Tuvo que quedarse 3 años, para luego emigrar, pero ya no
podía ir a EE.UU. “ “Emigre a lo más fácil, Argentina, donde
viví hasta hace dos años. Puedo rendirle mi agradecimiento a ese
país de emigrantes y de cientos de historias similares a la
mía que conocí allá. Cierto día emigré a
Sudáfrica y actualmente vivo en Cape Town, donde somos considerados
como buenos trabajadores...algún día regresaré a Rhode Island “.
Como ven, la historia de estos tres peruanos es tan variada como sus propias
experiencias. A Manuel lo deportaron; sin embargo, ahora vive en
Sudáfrica soñando en que algún día volverá a
Rhode Island. Luis Alberto, sigue disfrutando nuestro país, y aunque
detesta el caos, está contento de volver. Finalmente, Roxanna vive a
cuatro horas de Cusco, feliz con su trabajo y contribuyendo con sus
conocimientos al país que la vio nacer.
Entrevista desde Lima por Luis Campos
Redacción: Lúa Garma Jáuregui
@Club:
Agradecemos a Roxanna, Luis Alberto y Manuel por compartir sus testimonios
con nosotros, e invitamos a quien quiera contarnos su historia
también para compartirla;
escríbenos a volver@clubdeperuanos.com
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