| Mes Morado
Para todos nosotros resulta bastante familiar el haber visto en esta época
del año a algún vecino, tía, familiar o a nuestra propia madre, vestido de
morado. Nunca nos faltan los encargos que nos envían desde Perú, esos
deliciosos turrones con bolitas de caramelo que tienen una sorpresa adentro
como las famosas galletas chinas.
Este mes nos contagiamos de nuestras famosas tradiciones he invitamos al
Padre Jesuita e historiador Armando Nieto Vélez S.PJ. a compartir con
nosotros unas horas en un viaje al pasado que nos abrió la ventana a esa
sociedad de antaño, en la que se inició esta multitudinaria devoción; la más
grande del mundo católico y que une a personas de todos los estratos
sociales.
Allá por el año 1650, en un rincón de Lima, en el barrio de Pachacamilla,
unos negros nativos de Africa se reunían por las noches en un galpón para
festejar sus tradiciones con bailes y fiestas ruidosas. Para presidir sus
encuentros mandaron a pintar una imagen de Cristo Crucificado sobre uno de
los muros de adobe, un cristo con la piel oscura como ellos.
Esta imagen que en principio sólo fue venerada por los concurrentes y
vecinos del barrio, permaneció intacta luego del primer terremoto que
sacudió Lima el 13 de Noviembre de 1655 donde muchas casas se vinieron
abajo. Fue entonces cuando la noticia de varios hechos milagrosos,
atribuidos a la imagen mural, atrajo el interés del público que empezó a
conocerla como “El Cristo de las Maravillas”, por la maravilla de nunca
haberse destruido.
La autoridad pública de ese entonces mandó a borrar la imagen, pero los
fracasados intentos no hicieron más que aumentar su fama; hasta que el
Virrey Conde de Lemos fue al lugar y ordenó se construyera una ermita.
Pero por si fuera poco, otro devastador terremoto azotó Lima y el Callao. En
Octubre de 1687, la ciudad de los reyes quedó sembrada de muertes y ruinas,
nuevamente la imagen no sufrió daño alguno. Fue entonces en la tarde de ese
catastrófico día, que Don Sebastián de Antuñano tuvo la idea de sacar en
procesión un lienzo que era la copia del cristo del mural. Esta fue la
primera convocatoria de la ahora multitudinaria procesión del Señor de los
Milagros.
Se tiene la seguridad que aquella replica es la misma que hoy en día nos
sigue acompañando en los meses de octubre en su recorrido por la gran
Lima.
Fue entonces también, cuando una piadosa ecuatoriana llamada Antonia
Maldonado, decide entregarse en culto y funda el beaterio que luego fue el
ahora famoso Monasterio de las Nazarenas.
El padre Armando nos comenta que los famosos turrones de Doña Pepa vendrían
probablemente desde esa época, donde se preparaban los deliciosos dulces
limeños que ahora no dejamos de recordar.
La Hermandad del Señor de los Milagros de las Nazarenas es casi tan antigua
como la Imagen del Cristo Moreno. Tienen cerca de 238 años de servicio
devoto y actualmente es una de las principales organizadoras de las
tradicionales actividades por el mes morado.
Octubre es un mes de festividades para todos, no sólo para los peruanos,
muchas personas de diferentes nacionalidades y de diferentes partes del
mundo renuevan su fe venerando a la Imagen del Cristo Morado, Cristo de
Pachacamilla o Cristo Moreno. Es también el mes de las conocidas y
controvertidas corridas de toros, bien para unos y mal para otros, sea como
fuere, esta controversial celebración se festeja en este mes cuando el sol
empieza a dar sus primeros signos de presencia en las tardes limeñas. Y el
mejor torero será galardonado con el escapulario de oro.
Dicen que la fe mueve montañas, y la grandiosa espiritualidad que trae esta
imagen que mueve multitudes no sólo en las calles de Lima, sino en todas las
ciudades donde se unen todos los fervientes de diferentes razas, colores y
costumbres con un mismo propósito: La fe.
Entrevista desde Lima por Luis Campos
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