De Vuelta a Casa
Sin trabajo, sin papeles y sin un centavo en el bolsillo que le permita estar de regreso con su familia, su barrio y sus amigos, lo encontramos a Xavier esperando el avión que lo traiga de vuelta al Perú. Intenta dormir pero la fría sala del Consulado peruano en Miami lo mantiene en vela y más despierto que nunca.
Xavier López es un joven peruano de 21 años de edad. Lo que él nos cuenta a continuación no difiere mucho de las noticias que vemos en los periódicos y la televisión: el típico latino deportado de los Estados Unidos. Sin embargo, en su relato hay algo que se diferencia de las demás historias…
Todo comenzó cuando Xavier tenía 19 años. La idea de dejar el Perú empezó a darle vueltas en la cabeza poco después de que un tío suyo le contara lo maravillosa que era la ciudad México, especialmente para estudiar y trabajar. “Es un país lleno de palacios, con gente que vive orgullosa de sus raíces aztecas”, solía narrarle su tío cada vez que visitaba el Perú.
El golpe de suerte llegó dos años después. Fue entonces que el sueño se convirtió en realidad cuando reunió - gracias a sus familiares que viven en México- el dinero suficiente para poder viajar. Todo parecía marchar sobre ruedas: empezaría sus estudios en Administración de Empresas Hoteleras en la Universidad de los Insurgentes de México. Lo tenía todo. Era feliz.
Al tercer trimestre de estudios un baldazo de agua fría lo devolvió a la triste realidad. Xavier había desaprobado todos los cursos en la universidad. La educación que recibió en el colegio de Lima no fue lo suficientemente sólida para asegurarle una buena base universitaria o, a lo mejor, se dejó llevar por la libertad de encontrase lejos de casa. Lo cierto es que defraudó a sus tíos, quienes no dudaron en retirarle el apoyo económico y regresarlo de inmediato a Lima.
Sin embargo, Xavier decidió quedarse en México en contra de la voluntad de sus tíos. Para evitar que la situación empeorara, tuvo que dejar la casa de los únicos familiares que tenía en ese país y buscar trabajo en el D.F. La suerte estuvo de su lado. Encontró lo que estaba buscando en una discoteca de la ciudad. El trabajo consistía en limpiar el “table dance” del club. El problema era la hora y media de viaje (ida y vuelta todos los días) que le tomaba de su casa a la discoteca.
El training de vida que llevaba al poco tiempo le aburrió. Fue entonces que decidió cambiar de residencia. Quería vivir en un lugar con un clima más cálido. El destino perfecto era sin lugar a dudas el balneario de Acapulco. La cantidad de gente que visita esta hermosa playa despertó en Xavier las ganas de continuar con sus estudios de hotelería. Al poco tiempo ahorró algún dinero pero esta vez probaría suerte en los Estados Unidos.
“Tuve que viajar tres días en bus, desde Acapulco hasta Tijuana. Luego llegué a Aguaprieta, ciudad fronteriza con los Estados Unidos”, recuerda Xavier, quien tuvo que pedir a su primo dos mil dólares para pagar al “Coyote” (término usado por los mexicanos para referirse a las personas que ayudan a cruzar la frontera ilegalmente)
Después de tres intentos fallidos y tres arrestos por parte de la policía americana, Xavier decidió intentarlo por cuarta vez. Sabía que corría peligro, más aún si había sido deportado anteriormente. Pero nada de eso le importó. Fue así que logró eludir a las autoridades y pisar por primera vez la tierra del “Tío Sam”.
“Llegue a New Jersey y allí viví un tiempo con mi primo. Con su ayuda conseguí un trabajo en una fábrica, lo que me permitió pagar la deuda que le debía y sobrevivir por un tiempo”, cuenta Xavier.
Unos meses después la suerte le jugó una mala pasada. Con las esperanzas perdidas y sin ánimo de seguir luchando, se mudó a Boca Ratón y después tomó un tren con dirección al Aeropuerto Internacional de Miami. Ni bien llegó se dirigió hacia un policía y le pidió que lo deportara a su país. Lamentablemente el sistema no es tan sencillo: primero tuvo que contactarse personalmente con Jorge Román, Cónsul de Perú en Miami, para poder gestionar su regreso al Lima.
Xavier está de vuelta en casa, con sus padres y amigos. Su hablar es lento, pausado y con largos intervalos de profundo silencio, producto del shock emocional que le tocó vivir. Atrás quedaron los cuentos de historias maravillosas, las ciudades llenas de palacios fantásticos y los lugares paradisíacos. Hoy su meta es tratar de salir adelante en el país que lo vio nacer: el Perú.
Entrevistado por: Javier Justo
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