www.clubdeperuanos.com Noviembre 2007

Confusa a los 50
Por Janet Amsel Sunshine

Bueno, mis hijos ya se fueron a la universidad. Felizmente están “sólo” a cuatro horas de Boca Ratón, en UF, en Gainesville, pero igual mi casa está “bieeen” sola y demasiado callada. En realidad, recién caigo en cuenta que yo nunca había vivido sola. En Lima, dejé la casa de mis padres sólo al casarme. Luego, al divorciarme, estaban mis hijos conmigo.

La mudanza de mis hijos fue paulatina. Jonathan, empezó primero en Julio y Benjamín, se quedó todavía conmigo. Pero luego, ya a fin de Agosto, fui a instalarlos y a dejarlos a los dos juntos. Al entrar a mi casa, regresando de Gainesville, no podía creerlo. En la noche, esperaba que Ben me gritara desde su cuarto; “Good night mommy”, o que Jonathan, entrara a mi cuarto a contarme sobre su día o a ver “Colbert Report” (él es el noctámbulo). En el consultorio, cuando se hacía las 7:00 de la noche, me entraba un apuro, pensando que ya me tenía que ir a hacer la comida para los chicos, hasta que reaccionaba y me daba cuenta que ya no, que mis hijos estaban siendo alimentados por la cafetería de la Universidad de Florida. Créanme, no extraño cocinar, yo odio la cocina, pero en esos momentos, la extrañaba.

Por otro lado, me vino como una “crisis existencial”. Me empecé a cuestionar qué hacía yo acá, en este país extraño. Soltera, (y sin pareja), mis hijos fuera de la casa y toda mi familia en el Perú. ¿Será que me debo de regresar al Perú? Después de todo, tengo mi título de Sicóloga y mis amigas me recibirían con los brazos abiertos en algunos de sus consultorios… Pero, después de tanto tiempo, ¿Podré hacerlo? Además, mis hijos, a pesar de todo viven en los Estados Unidos y necesitan un “puerto” a dónde llegar. Cuando les comenté a mis hijos, medio en broma, Ben me dijo: “Mami, ¡Tú no te mudas hasta que termine mi maestría!” OK, dilema resuelto, me quedo en Boca. Pero, entonces… ¿Qué debo de hacer con todo mi tiempo libre? Durante la semana, no es tanto problema, porque trabajo y me quedo tarde en el consultorio… Pero, los fines de semanas… De repente, tengo que buscarle otro sentido a mi vida, tengo que “re-inventarme”. Fui esposa por tantos años, y ya no lo soy; fui madre a tiempo completo y ahora ya sólo lo soy part time… Profesional durante la semana, pero, entonces ¿Qué soy durante el fin de semana? ¡Tengo que encontrar nuevamente mis pasiones! Eso es. ¿Qué hacía antes? ¡Bailar!, me encanta bailar. Miro como una tonta “Dancing with the Stars” cada Martes en la tele. Empiezo entonces a buscar una academia de baile, de “Ball Room Dancing”-salsa, merengue, tango. ¡Qué súper! Encuentro una cerca de mi casa. No hay que ir con pareja, se puede ir sola, pero no me animo a ir sola... Todavía. Me fascina el Yoga, la meditación que se hace al final. Consigo un estudio de Yoga lindo. Voy a la primera clase y noto que me duele el hombro derecho y no puedo hacer la pose de árbol sólo con un brazo, la muñeca derecha me duele cuando la apoyo y la cadera izquierda también. Salgo relajada pero adolorida. Me hace recordar que el otro mes cumplo 50…

De casualidad, encuentro un programa en la tele sobre la desocupación de Gaza, en Israel con el apoyo del ejército Israelí, tarea hecha de una manera muy humana y pienso que de repente, me debería tomar una año sabático e irme de voluntaria a Israel, a apoyar. Luego, pasa el terremoto en Pisco y siento que quiero irme para allá a apoyar a la gente, sicológicamente. Veo la película “Across the Universe” con música de Los Vétales, y las protestas por la guerra de Vietnam en los años ’60, y quiero empezar a protestar contra la guerra en Irak. Jonathan, mi hijo, me llama un día y le digo que no sé qué hacer con mi vida: Quiero hacerme útil, él me contesta, “Mami, ¿Tú, no sabes que hacer? Yo cada semana cambio de carrera y no sé qué estudiar, al menos, tú ya eres una sicóloga establecida, ayudas a tus pacientes… ¿Tú no sabes qué hacer? ¡Oh, no!, pensé que yo estaba confundido”.

La mudanza de los hijos fuera de la casa, trae una serie de cambios no solamente físicos y de logística, sino también, sicológicos. Es un ritual de vida que recuerda el paso de los años, lo que se hizo y lo que no, y el papel que uno desempeña.

La mudanza de los hijos trae problemas y cuestionamientos a las personas casadas también. Una pareja que ha estado casada por 20 años o más, se encuentra por primera vez en mucho tiempo, sola, sin hijos. A veces, se dan cuenta que no tienen nada de que hablar cuando ya no existe el tema diario en común de los hijos. O no encuentran qué hacer los dos juntos, solos, sin los hijos. La pareja tiene que re-definirse también, así como yo sigo tratando de re-definir mi rol en el mundo. Algunos matrimonios, sin embargo, no pueden sobrevivir sin la presencia de los hijos; probablemente porque los hijos estaban presentes como escudo de defensa, como “buffers”. Con la libertad e independencia que trae el tener a los hijos fuera de casa, la pareja tiene una nueva ración de tiempo disponible del uno con el otro, y a veces, esta cercanía intimida después de tantos años de distanciamiento, y desgraciadamente, muchos matrimonios terminan en divorcio.

En cuanto a las diferentes reacciones entre el hombre y la mujer, algunas mujeres lloran por meses por la separación, mientras otras, se sorprenden con lo rápido que se adaptan. Algunas mujeres, se sienten peor con la salida del hijo mayor; algunas cuando se va el bebe de la casa. Muchas, (me incluyo a mí) sienten que la casa está muy silenciosa y extrañan el bullicio de los hijos y los amigos de los hijos. Generalmente, se ve una mezcla de sentimientos entre pena por la pérdida del rol activo de madre y alegría. Lo que las mujeres tienen en común, es que de una u otra manera, luego de un tiempo, se sienten revitalizadas y listas para su propio “despegue”.

Los hombres también sienten la pérdida, especialmente si han estado ausentes durante el crecimiento y la crianza de los hijos por concentrarse en el trabajo. Así que, muchas veces, se le hace más difícil al hombre que a la mujer. Recuerdo a mi cuñado, llorando de rodillas al lado de las camas de sus hijos cuando mis sobrinos se fueron del Perú para venirse a los Estados Unidos a estudiar.

Sea de una manera u otra, debemos ser conscientes de que ésta es una etapa normal y natural que todos los padres pasamos cuando los hijos se van de la casa. Debemos mantenernos en contacto con nuestros hijos, pero no de una manera exagerada. Darles su espacio y sobre todo, no intenten mudarse al lado de ellos. Yo ya pensé en mudarme para Gainesville, pero mis hijos me dijeron que si eso ocurre, ¡Se cambian de universidad! (broma)

Hasta la próxima

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Janet Amsel Sunshine

Janet estudió en la Universidad Católica en Lima y se graduó en 1981 como Sicóloga Clínica. Se mudó a los Estados Unidos en 1986 e hizo una maestría en Adelphi University en New York en Trabajo Social Clínico. Después de residir y trabajar en New York, se mudó a Miami y luego a Boca Raton. Janet tiene una práctica privada de Psicoterapia en Deerfield Beach, FL donde se especializa en pareja y familia. Tambien está licenciada en hipnósis y regresión a vidas pasadas. Janet realiza psicoterapia en inglés, español y hebreo.

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