El padre de María Taylor llegó por primera vez a USA en 1965. Luego de ir y venir tres veces de Perú a USA, se enfermó y entró a un hospital de éste país. Tras hacer sus papeles para llegar a ver a su padre, María llegó a USA en abril de 1970. Pasó de vivir en Breña, Lima, a Nueva York. Cinco meses después lograron que otro hermano viajara; y luego, antes de pasar un año, tres hermanos más y su madre viajaron y toda la familia se reunió en EE.UU..
Actualmente María está en Iraq trabajando para el Departamento de Estado. Su trabajo regular es en Redstone Arsenal, en Alabama. Ahí es Manager de Programas Internacionales en venta de equipo militar.
Entre interminables jornadas de trabajo de siete días a la semana, lejos de Alabama, de su familia, durmiendo en un ajustado cuarto, viviendo entre sirenas de emergencia y el sonido de explosiones, María Taylor nos dio un poco de su tiempo para entrevistarla. Esto es parte de lo que nos contó:
¿Cómo fue que llegaste a Iraq y hace cuanto tiempo estás allá?
Llegue aquí en Noviembre del año pasado. Dios lo permita, estaré aquí hasta Junio (si es que no lo extiendo). En el comando donde trabajo pidieron voluntarios y yo me ofrecí para venir aquí. Ya voluntaria antes, estuve en Afganistán durante seis meses. Así que me dije:
“¿Por qué no también Iraq? US me ha dado tanto”. Parte de venir aquí es para ayudar a las tropas y decir gracias a este país. Tengo mucha experiencia en logística y pensé que podría ayudar en esa área. Lo que más me chocó cuando llegué aquí, fue la primera vez que fui a misa: ver la iglesia llena de soldados con sus armas, algunos armados “hasta los dientes”. ¡Hasta el sacerdote carga pistola! Claro, ahora ya me acostumbre.
Cuéntanos lo que es un día en tu vida en Iraq.
Me levanto a las seis de la mañana, las 0600 horas. Luego digo mis oraciones, arreglo mi cama, me doy un baño, cepillo mis dientes, me pongo mi uniforme y salgo a mi oficina para llegar a las siete. A veces me voy a tomar desayuno al DFAC (Dining Facilities), pero generalmente llevo algo a mi oficina. Lo que sí, aquí tenemos que tomar mucha agua. Luego empieza mi día laboral, no te puedo decir mucho de mi trabajo por temas de seguridad. Lo que puedo decir es que en mi área estamos a cargo de asegurar que las tropas reciban lo más pronto posible las cosas que necesitan para completar su misión con éxito. A la hora de almuerzo como sola y, aunque no me gusta hacerlo así, ya me he acostumbrado. Para la cena generalmente me traigo una ensalada.
Cuando salgo de aquí, a las 7:30 pm, algunas noches me voy al hospital para hacer servicio voluntario. Generalmente mi servicio es para niños iraquís que son llevados al hospital, la mayoría de ellos con quemaduras. Gracias a Dios está llegando el verano (aunque no me gusta el calor y la temperatura llegará a 135 °F o más), pues en el invierno usan querosene para calentar sus casas y los niños se queman las piernas, los brazos, etc. También traen bebes con problemas congénitos. Con lo poquito que puedo, me comunico con la gente y, a veces, les llevo cositas que me mandan mis amigos y familia de US. También he visitado a los soldados iraquís que han sido heridos en la guerra, es muy triste.
Los miércoles me voy a la iglesia para practicar con el coro para la misa del domingo. Otras noches me voy al gimnasio. Cuando puedo me voy a mi cuarto temprano a descansar.
Mientras nos escribíamos, María dejó de responder por un momento. Luego escribió:
Ahora que estoy escribiéndote, se escuchan explosiones. A veces son controladas o ataques indirectos. Esta fue controlada pues lo están anunciando ahora. Un mes atrás estaba en mi cuarto, cambiándome para ir al gimnasio, cuando de pronto una explosion fuertísima se hizo sentir. Cuando estaba abriendo la boca para decir “¡Dios mío!”, vino otra explosión. Luego otra y otra, cuatro explosiones que estremecieron todo el lugar. Esa fue mi peor experiencia. Luego escuchar una voz por los parlantes que decía “¡WE ARE UNDER ATTACK!”, no sabía si salir al shelter (refugio) o quedarme en mi cuarto. No tenía miedo, solo me encomendé a Dios. Al final salí al shelter, ya había mucha gente allí. Los rockets (misiles) habían caído casi al cruzar la calle de donde estábamos. Hubo una persona herida, gracias a Dios no hubo muertos...
…ahora se está escuchando la sirena…
…gracias a Dios no es nada. La sirena suena como en las películas. Por la noche se escuchan los aviones salir y llegar, el sonido es muy fuerte y estremece todo. A esto se le suma el fuerte sonido de los helicópteros. Aunque ya me acostumbré y duermo tranquila.
¿Qué o quién te ayuda a seguir adelante?
Lo que me ayuda a seguir es mi gran fe en Dios. El es mi guía, mi compañero, mi protector. No puedo imaginar, después de todas las experiencias que he vivido, como hay personas que no creen en Dios.
¿Cuál ha sido el momento más difícil por el que has pasado?
En mi experiencia de vida, fue el perder a mi esposo. Sólo llevábamos cuatro años de matrimonio cuando murió. Me quede con mis dos bebes, mi hijito mayor tenía dos años y siete meses y mi hijito menor siete meses. Mi esposo fue de vacaciones a Perú a visitar su familia, él también era peruano, lo conocí en Patterson accidentalmente (esa es otra historia). El estaba yendo a Chiclayo cuando el ómnibus en el que viajaba se chocó con un camión que se dirigía a Lima. Recuerdo cuando me llamaron para darme la noticia: lo único que le pedí a Dios fue que me ayudara a criar mis hijos para que se conviertan en hombres de bien y que a mí no me deje convertirme en una mujer amargada. En octubre se cumplen 31 años desde que esto sucedió.
Después de la pérdida del padre de mis hijos, no pensaba volver a casarme; pero Dios tenía otro plan para mí. A los dos años llegó un nuevo empleado a trabajar en nuestra oficina y yo tenía que entrenarlo, pues él tomaría mi lugar. Dos años después nos casamos. El estuvo en el ejército al mismo tiempo que yo, sé que lo había visto pues yo recibía a los soldados nuevos. Pero como yo estaba casada, para mí solo fue un número más en la lista. Mis hijos todavía estaban pequeños cuando nos casamos, así que él fue padre para mis hijos. Un año después, en 1983, salí embarazada: cargué a mí bebé por nueve meses, pero complicaciones al nacer le dieron mucho estrés y su corazón no resistió. Luego de media hora de nacida, murió.
¡Pero Dios es grande! A los dos años salí embarazada nuevamente y tuve a mi hijita, Rebecca. Ahora ella tiene 23 años, está casada y con dos hijas en Chicago. Cuando mi hijo mayor, Anthony, tenía más o menos 14 años llegó un día de la escuela y me dijo muy molesto: “Mamá, ¿por qué la maestra me dijo que Rebecca es mi media hermana? ¡Ella es mi hermana!”. Le dije que era por el apellido diferente. El quizo cambiarse el apellido, pues Gary (mi segundo esposo) ‘era su papá’. Consulté con mi otro hijo y mi esposo los adoptó. Así que ahora todos somos la familia “Taylor”. Mis dos hijos mayores están solteros. El mayor es Photojournalist y está en la Reserva del Ejército. Tras ser “activado” viajó a Kuwait. Mi otro hijo estuvo en la Marina por seis años. Ahora es actor (todavía no ha hecho películas grandes) y escritor. Dios lo permita, en Mayo, deben presentar una de sus películas en el Festival de Jacksonville en la Florida.
¿Cuáles son tus planes al regresar?
Primero, Dios. Quiero retirarme para poder trabajar más con la comunidad latina en mi parroquia y en la comunidad en general. También voy a postular para el Concilio de la ciudad. Por el momento no hay ningún hispano, así que pienso que es tiempo de haya un representante. Siempre me comunico con el alcalde y otras autoridades del pueblo. En mi parroquia estoy a cargo del Ministerio Hispano.
Cuéntanos sobre un sueño tuyo que se hizo realidad.
Mi último sueño que se realizó fue el de poder reunir a toda mi familia y llevar a mis nietecitas para que mis padres las conozcan antes de que Dios los llame. Mi hija vive en Chicago, mis padres y dos de mis hermanos en NJ, mi otro hermano en VA y nosotros en AL. Gracias a Dios cuando fui en R&R en Marzo, nos pudimos reunir todos. Nos tomamos una foto de las cuatro generaciones.
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