Si vas para Lima, no dejes de visitar el último restaurant de Gastón Acurio: “Panchita”. Este restaurant se encuentra en una esquina miraflorina, entre Inclán y Dos de Mayo.
El nombre fue inspirado por Panchita, una anticuchera que durante años ha deleitado a sus comensales cocinando en una carretilla. Ella es una institución del anticucho y las calles de ese barrio fueron testigas de las largas colas que se formaban en espera de un palito de corazones bien hechos. Demostrando una vez más ser un verdadero empresario culinario, Gastón se asoció con ella y formó el restorán que ahora lleva su nombre. Panchita ahora trabaja en el restorán que se encarga de mantener el prototipo de comida peruana en un ambiente agradable y de calidad.
Digo prototipo porque aquí las porciones son generosas, como debe ser cuando se trata de comida peruana. Los tragones que siempre se quejaban de que los modernos restaurantes de ‘calidad’ peruanos no servían ‘bien’. La queja es válida: los nuevos restaurantes se preocupan por la presentación. Así, un plato de Lomo Saltado terminaba llevando tres lomitos, cuatro papas fritas, 53 arroces decorados con un par de hojitas de perejil y harto espacio en el plato: Un Lomo Asaltado. Ahora en “Panchita” se puede encontrar un suculento y bien despachado plato acompañado del buen servicio y buenas instalaciones que proponen los restoranes modernos.
Así, “Panchita” restituye nuestra tradición ‘bien despachada’. Los
comensales de porciones grandes estarían más que complacidos: el anticucho es un “anticuchón”, el Ají de Gallina cubre todos los espacios del plato y el Lomo Saltado se sirve en su versión “reloaded”.
El concepto de este restaurante es el de una “anticucheria” como nunca antes se había visto en Perú. La carta incluye más de dos decenas de tipos de anticuchos. Además de los platos criollos tradicionales, no faltan los Picarones ni el Pisco. “Panchita” ha incluido desde el tradicional Pisco Sours hasta el Chilcano de Pisco, el Capitán, entre otros.
Una noche en Panchita, después de una larga espera como solía ser en los tiempos de la carretilla, podrás sentir como las tradiciones comienzan a formar parte de la cosmopolita Lima. El ambiente mantiene el aire acogedor y relajado de la Lima antigua, de callejuelas angostas y vendedores de carretilla. Y a la vez, es impecable, sofisticado y de calidad. Algo que hace que ahora gentes de todas partes del mundo esperen mientras Panchita le pone corazón a los anticuchos.
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