La reina de las sandalias
Cerros de jebe y caucho le servían de cama cuando era niña. Su familia fabricaba sandalias para salir de la pobreza y hoy vende 25 mil pares todos los días y está conquistando mercados internacionales. Se llama Frida Yaros, tiene solo 25 años y recién está empezando.
El terrorismo obligó a la familia de Frida a abandonar Ayacucho, su ciudad natal. Era el año 1990 y llegaron a Lima solo con 300 soles. Al principio su padre pensó en invertir todo en zapatos y venderlos. Pero su pequeño capital se agotaría en pocos pares. Fue entonces que pensó en sandalias, que al ser baratas podía adquirir varios pares y empezar su negocio.
"Empezamos vendiendo en la calle, como ambulantes. Pero las sandalias se agotaron rápido y en unos meses pudimos alquilar una tienda en un almacén. Ni si quiera teníamos luz y estábamos bien al fondo. Nos quedábamos hasta muy tarde para tratar de vender todo. Yo me encargaba de vender las sandalias que estaban algo falladas a mitad de precio”, comenta Frida.
El negocio siguió bien. En una ocasión su padre, curioso por naturaleza, se le ocurrió romper una sandalia para entender cómo estaba confeccionada. Luego de descubrir los secretos de ese calzado supo que podría crecer mucho más si empezaba a fabricar sus propias sandalias.
“Mi papá se asoció con mi tío, él puso el capital con el que empezamos a fabricar las sandalias. Mi papá fue quien se dedicó al diseño. Así sacamos distintas marcas y modelos. Nuestra tienda era la única que vendía solo sandalias y eso hacía que la gente confiara más en nosotros porque éramos especialistas en sandalias. Vendíamos bastante. Incluso venían de Bolivia para comprar al por mayor y nos pagaban al contado y con efectivo”, recuerda la joven empresaria.
Cuando Frida creció quiso dedicarse a la cocina. El arte culinario era su fascinación y pensó que dedicarse a eso la haría feliz. Sin embargo su padre pensó que era más prudente que su hija estudie administración de empresas para que se haga cargo del negocio familiar cuando él no esté.
“Me matriculé en la Asociación de Exportadores, ADEX, pero terminando el primer ciclo me fui a Rusia. No me gustaban las clases y lo que más quería en ese momento era relajarme un poco de la presión. Había aprendido ruso de pequeña y me fui”.
Pero estando en aquel distinto y lejano país se dio con una noticia que la perseguía desde Lima: A manera de despedida ella y su novio hicieron el amor por primera vez y eso bastó para que lelgara a Moscú embarazada.
“Primero pensé que estaba entendido mal el idioma. El doctor me dijo que estaba embarazada y no podía creerlo. Simplemente no lo creía. Viví mis primeros meses de embarazada allá sola y sin decirles a mis papás. Hasta que ocurrió el asesinato de una estudiante peruana en Rusia. Eso hizo que mis padres se alarmaran y me enviaran el pasaje de regreso. Cuando llegué me vieron con mu barriga de 6 meses”.
Al principio, la familia de Frida se sintió decepcionada. Frida se alejó de sus padres y tuvo que irse a vivir a un arenal donde la escases y la pobreza le recordaban sus primeros años de vida. “Fue como un castigo, ahora lo entiendo así. Pero luego, hablamos y volví a casa. Le dije a mi madre que quería estudiar y ella me dijo que me apoyaría con mis estudios pero que yo tendría que ver por mi hijo”.
Fue así que Frida empezó a asistir a sus clases con su bebé en el brazo. Entraba al salón, a la biblioteca, subía y bajaba escaleras con su pequeño a cuestas.
“Los profesores me felicitaban por no darme por vencida. Felizmente era muy tranquilo y no molestaba en las clases. Mis amigos esperaban a que llorada un poquito para que sirva de distracción y poder copiar en los exámenes, pero casi no sucedía”, dice Frida con una sonrisa de chica traviesa.
Al terminar sus estudios trató de convencer a sus padres para que se animen a vender sus sandalias en otros países. El negocio marchaba viento en popa en el mercado nacional y ya era hora de buscar nuevos horizontes. Sin embargo, ellos no pensaban igual
“Son tercos y no creían que era posible. Tuve que arreglármelas yo misma para poder llevar las sandalias. Primero fue a Panamá, durante una feria. Llevé pocos pares para probar. Puse mi puesto con un cartel que decía “Sandalias peruanas” y el público se interesó porque nunca había La feria duraba 2 semanas y a los tres días ya había vendido todo. El resto del tiempo me lo pasé haciendo turismo”.
Con esa experiencia, Frida creó su propia empresa exportadora, se asoció con tres amigos que conoció en ADEX y juntos empezaron la aventura que hoy les da muchos beneficios. Frida les compra las sandalias a sus padres y ella las exporta a Bolivia, Ecuador, Panamá y Costa Rica.
“Estamos bien. Estamos creciendo y hemos demostrado que un buen producto encuentra mercado en cualquier parte del mundo. Lo que aun necesitamos es mayor liquidez pero estamos trabajando en eso. Las sandalias se venden como pan caliente en todos lados”, confiesa la empresaria.
Frida Yaros está sentada en el salón de recepción del Hotel Bolívar. Está a punto de cerrar un contrato importante para exportar sandalias a Europa. Confiesa que está nerviosa, le interesa mucho conseguir el acuerdo que le permitirá entrar por primera vez al viejo continente. A pesar de la emoción Frida mantiene su sonrisa. Está segura de lograr cosas importantes. Su valentía y buen olfato la están llevando lejos y ella no puede esperar para seguir adelante.
Escrito por: Daniel Goya
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