Frío que Mata
Durante semanas hemos visto en los medios de comunicación una gran cobertura sobre la gripe porcina, AH1N1. En Perú se han difundido noticias detalladas sobre el tema: los números de infectados en México y USA, las muertes a raíz de éste mal, su propagación por el mundo, etc.
En Lima, las primeras víctimas fueron estudiantes de un colegio particular de La Molina. Ellos estuvieron de viaje de promoción en Punta Cana (República Dominicana) y probablemente se contagiaron en el aeropuerto de Panamá. Afortunadamente, con los cuidados correctos, todos estos escolares ya no corren peligro, quizá ésta experiencia sólo será un anécdota más del viaje de promoción.
Por otro lado, en la serranía peruana, la temperatura ha descendido a 18 grados centígrados bajo cero, -1 grado Fahrenheit. El inclemente frío ha cobrado la vida, hasta el momento, de 36 niños. Lo triste de la situación es que son muertes que se repiten todos los años pudiendo ser evitadas con un mínimo de planificación de las autoridades correspondientes.
Que aún sucedan éste tipo de cosas en nuestro país es vergonzoso. En Bolivia, un país con el que compartimos el altiplano, el friaje y la pobreza en esa zona, los niños no se están muriendo. Eso a pesar de que la economía boliviana es siete veces más pequeña que la peruana (US$ 18bn vs US$ 130bn) y de que el peruano promedio es 2.5 veces más rico que el boliviano promedio (US$ 4,400 vs US$ 1,700).
En Puno, el presidente regional, Hernán Fuentes, culpa de las muertes al gobierno central. Por su parte, el gobierno central acusa al regional de incompetente y corrupto. No obstante, en marzo, anticipándose al invierno puneño, el gobierno central envío 12,000 vacunas contra la neumonía para ser distribuidas por el gobierno regional en los diferentes centros de salud del departamento de Puno. Sin embargo, dos meses después, éstas vacunas seguían almacenadas sin haber sido distribuidas. Increíblemente sólo se ha utilizado una docena de éstas vacunas.
Pues bien, ya sea si la responsabilidad es del gobierno central o del regional, éstas muertes se repiten año a año a pesar del progreso económico que estamos experimentando. No hay excusa para que sigamos olvidándonos de estos niños peruanos que necesitan, además de abrigo, una buena alimentación que prevenga su muerte de frio.
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