El Tour del Pisco

Ésta historia comenzó con una asignación de mi esposo para hacer un artículo sobre las bodegas que se encuentran al sur de Lima, en Chincha e Ica. Al comienzo me encontré reacia a ir, pues no pensé que podía disfrutar del camino de unas cuatro horas por la Panamericana Sur. Pero no podía dejar de ir, pues la fecha coincidía con nuestro segundo aniversario, así que empacamos ‘ligerito nomás’ y emprendimos el rumbo al sur.

Nos subimos en mi Nissan Sentra del ’98, al cual le hice recordar que éste sería su último viaje largo. Sentada en el asiento y con la mano en el timón le dije: “por favor no me falles”. Ya en camino, la carretera estuvo despejada, era un martes temprano por la mañana. Me habían advertido que a la policía ahora SÍ se le respeta y que estaban haciendo varios controles. Con eso en mente todo iba bien hasta que llegamos al kilómetro 120, aproximadamente. Ahí nos topamos con uno de esos controles de la “tombería”, nos hicieron parar.

–Señorita, su brevete y documentos del carro –me dijo el policía.

Educadamente le respondí:

–¿Cómo no?…un momento por favor…. –buscando en mi cartera recordé que mi brevete lo había dejado en casa de mi madre junto a mi pasaporte. “¡Ya me fregué! …¡¿y ahora qué?!, pensé mientras comenzaba a sentirme acalorada.

–Señor policía, me va a disculpar pero no tengo mi brevete peruano conmigo, solo el de EE.UU.

El policía me indicó que me correspondía una multa pues estaba manejando sin brevete. “Caballero nomás, a pagar la multa”, me dije a mí misma. Pero luego de eso, y de ir a consultar con otros policías, se demoró un poco y finalmente llamó a su superior. El nuevo policía que se acercó a mi ventana, de mayor rango, me hizo un par de preguntas y le explique mi situación. La única salida que me daba era la de regresar a Lima, en bus mientras dejaba mi auto ahí, recoger ya sea mi brevete o pasaporte, osea: ¡PLOP!, como los de Condorito. Si no caí hacia atrás fue porque estaba sentada.

Luego de escuchar eso no me inmute, estaba en shock. Al verme así, parece que el policía se apiadó de mí, y dejó que mi esposo, con su brevete y pasaporte americano, manejara. ¡De la que nos salvamos! Fue así como Nick, mi esposo, se sopló toda la manejada mientras yo disfrutaba de la vista.

Alguien que nos acompañó todo el camino fue Keiko Sofía y su Fuerza 2011. Literalmente todos los muros a lo largo de la carretera tenían su nombre pintado, qué horror ¡¿quién va a limpiar todo eso?! El camino continuó sin más percances que el de tener que soplarme el nombre de la hija de Fujimori. Luego de un rato llegamos a Tacama, la bodega más antigua de Sudamérica. Ahí nos hicieron el tour por los viñedos, pero no por la destilería porque la estaban arreglando. Al final pudimos probar los piscos y el vino, poquito nomás porque había que seguir manejando hasta Ica.

Cuando llegamos a Ica, no teníamos alojamiento, ya que queríamos primero ‘descubrir’ la zona para luego decidir donde quedarnos. La ‘Huacachina’ nos atrapó en una, con su linda laguna rodeada de palmeras, restaurantes, cafés y hotelitos, las imponentes dunas rodeando todo, ¡qué oasis! No nos costó mucho decidir quedarnos en un hostalito hacia el final de la laguna y a pie de una duna se encontraba la ‘Hoteria Suiza’: pequeño, limpio y súper acogedor.

En la noche nos juntamos con Edwin, el enólogo a cargo de la producción del Pisco de las Hermanas Asher, 'Macchu Pisco', a ellas las habíamos entrevistado anteriormente. Es muy interesante conocer la historia de cómo las hermanas lograron hacer su pisco de exportación. Con tremendo preámbulo se nos hacía difícil esperar hasta el día siguiente para ir a visitar su bodega en Azpítia, habíamos dejado lo mejor para el final.

A la mañana siguiente y luego de un pequeño paseo por la Plaza de Ica, sentimos que había sido suficiente pues el tráfico en la ciudad era terrible. Miles de ‘mototaxis’ se cruzaban ante nosotros mientras mi esposo, acostumbrado a manejar en USA, comenzaba a desesperarse. Aunque tal situación es para se le ‘paren los pelos de punta’ a cualquiera. Pronto dejamos Ica atrás con destino a Paracas. Pudimos ver el azul profundo de ese mar tranquilo, se podía respirar paz, provocaba quedarse, pero será la próxima, cuando el hotel Paracas esté listo. Dicho sea de paso, el hotel está siendo remodelado y ahora forma parte de la cadena de hoteles ‘El Libertador’, además hay un nuevo hotel cinco estrellas: el ‘Double Tree de Paracas’ ¡Qué pena!, no teníamos tiempo de ir a conocerlo.

En el camino de regreso paramos en la bodega de ‘Viñas de Oro’, marca que cuenta con once tipos de Pisco, una bodega muy, pero muy moderna. Luego hicimos una parada más antes de llegar a la bodega de las hermanas Asher. La parada fue en ‘El Piloto’, el famoso restaurante. Mi estómago venía haciendo jugos gástricos desde temprano de sólo pensar en los platos que éste restorán ofrece, ¡son para chuparse los dedos! (o más bien los tenedores). La incursión culinaria en ‘El Piloto’ fue más que una maravilla, mi esposo quedó deleitado con su ‘Pulpo Saltado’ y yo con mi ‘Tacu tacu’ en salsa de camarones… uuuy ¡Muy rico!

De vuelta en la carretera el camino a Azpítia no se hizo muy largo, sin darnos cuenta ya estábamos en nuestro destino. Carmen, la esposa de Edwin, el enólogo, nos atendió y pudimos ver la producción de las hermanas Asher para el próximo año. Muy sorprendente, ellas buscan las mejores uvas ya sea en el valle de cañete o de cualquier parte del Perú, el único requisito, ser la mejor uva en su tipo. Por eso su Pisco acholado, mezcla de seis cepas, es uno de los más ricos que hemos probado.

En conclusión, mi viaje de dos días y una noche a Ica me sorprendió de manera muy grata, contrario a lo que pensé antes de aceptar el viaje. Es un tour que todos deberíamos de realizar, aunque sea una vez, pues de esta manera podemos apreciar la producción del Pisco peruano. Les hago un resumen del proceso del Pisco, de lo que vi y aprendí:

Éste es comienza con la vendimia, donde se recolectan las uvas que luego son exprimidas. A partir de ahí, el proceso varía un poco en cada bodega, dependiendo de la modernidad de las maquinas que se utilizan. Una vez que se tiene todo el jugo de la uva, se le deja fermentar por unos días, luego de fermentar, es pasado por una máquina destiladora, la cual es como una gran olla donde se calienta el jugo de uva hasta que se convierte en vapor. El vapor pasa por un serpentín de cobre el cual esta hundido en una piscina de agua helada, éste hace que el vapor se condense y que al final de su recorrido salga el pisco. Cuando éste ha salido por completo, es colocado en una barrica, ya sea de plástico o de metal, de acuerdo a la tecnología y de la bodega. Es en estos contenedores Pisco descansara por unos seis u ocho meses para luego ser embotellado.

Algo muy curioso e interesante es que, de mil litros de jugo de uva que entran a la destiladora, solo 250 se convierten en Pisco. Otro dato interesante: el Mosto Verde es más caro, porque es sacado del proceso de fermentación un poco antes, cuando aún se puede sentir el azúcar en el jugo. El jugo del mosto verde, al pasar por la destiladora, produce aún menos pisco, pero le da aromas más fuertes y un dulce sabor.

Fue así como concluimos nuestra corta aventura, regresamos con conocimientos sobre el proceso de producción del Pisco y con la maletera llena de botellas de distintos tipos de Pisco. ¡Salud!


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Fotografía: Juan Viacava

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