www.clubdeperuanos.com Agosto 2007

Mujer con Garra
Por Juan Carlos Chávez
Especial para El Club de Peruanos en Estados Unidos

La mujer maravilla existe. Es de carne y hueso, tiene unos veinte y tantos años, nació en Lima y desde hace cinco vive en la capital del mundo, Nueva York.

Su historia no ha sido rosa, todo lo contrario. Ha estado cargada de altibajos, desventuras, crisis y éxitos.

Aquellos que piensan que el sueño americano es un cliché y que en estos tiempos resulta casi imposible de alcanzar, se equivocan.

Erika Maza Garces estudió Ciencias de la Comunicación y Publicidad en el instituto Charles Chaplin. Siempre fue una alumna aplicada y, como todos sus compañeros de promoción, cuando finalizó sus estudios académicos creyó que habría una oportunidad para entrar en la fuerza laboral. Sería cuestión de un par de meses, pero la situación era acaso más difícil de lo que se imaginó y al sexto mes de haberse graduado con honores, Erika continuaba en busca de una chamba.

Sus ánimos la llevaron a tomar un avión con destino a Estados Unidos. La idea era probar suerte en el estado de Kentucky donde tenía una prima dispuesta a recibirla para que Erika pudiese ahorrar todo el dinero posible con tal de ayudar a su madre y hermanos que viven en el Perú.

Era comienzos de 2002 y no hacía mucho tiempo que los atentados del 11 de setiembre habían ocurrido.

“Vine con una mochila y unos cuantos dólares en el bolsillo. Sabía que era una etapa de riesgos por la situación que se vivía en ese entonces, pero no me amilané. Sabía lo que quería”.

Y lo que buscaba Erika era destacar, forjarse un futuro mejor, y ser alguien en la vida.

Cinco años después, esta chica delgada y atlética puede decir que alcanzó sus metas. Pero sola, totalmente sola, porque luego de estar en Kentucky durante unos meses, se dio cuenta de que allí no conseguiría lo que andaba buscando y arrancó a Nueva York.

“Supe que unos amigos de mi colegio, el San José de Cluny, iban a estar en Nueva York por unos días. Entonces pensé que sería una buena oportunidad para tomarle el pulso a esa ciudad. La pasamos lindo, pero cuando ellos tuvieron que regresar al Perú, yo me quedé buscando trabajo. Tenía menos de 30 dólares. Y esa misma tarde que despedí a mis compañeros en el aeropuerto, encontré un trabajo en un restaurante italiano. Fue un alivio. No ganaba mucho, pero me sentí feliz”.

El primer paso estaba dado.

Sin embargo, dónde pasaría Erika las noches, si no tenía más de 3 billetes de a diez y no conocía a nadie?

Erika buscó la manera de ingeniárselas: durmió en estaciones de tren, convenció al administrador del restaurante para trabajar hasta el último turno que cerraba a las 4 de la madrugada y así podía acomodarse en un rinconcito de la cocina hasta que apareciese la primera luz del día. También convirtió las cabinas de Internet en un ‘depa’ portátil, en fin. De todo un poco.

“Mi madre se hubiese muerto si llegaba a enterarse de que su hija estaba prácticamente en la calle. Sin embargo, no podía contarle lo que vivía, porque yo me había hecho el juramento de ‘hacerla’ en Estados Unidos, con dignidad y fortaleza. No estaba en mis planes tirar la toalla”.

Tres meses después, Erika consiguió rentar un espacio en el barrio de Brooklin con sus primeros ahorros. No era el más apropiado, ni quizá el más seguro, pero con algo tenía que empezar.

“Recuerdo que llegaba de trabajar del restaurante a las dos de la madrugada y apenas entraba al vecindario escuchaba balaceras y veía peleas en la calle. Tenía que correr para llegar a mi departamento. Sentí, de verdad, mucho miedo”.

Doce meses más tarde Erika tuvo la oportunidad de entrar a trabajar a un restaurante y bar de mayor categoría y clientela. Aprendió los trucos, la velocidad y técnicas para preparar tragos y, a las cuatro semanas, ya era toda una ‘bartender’. La cuestión económica experimentó un gran alivio.

“De los $30 o $40 que hacía en el negocio italiano completando jornadas de diez horas, comencé a ganar cerca de $200 y a veces más de $300. Así pude mudarme a un sitio más tranquilo, y enviar dinero a mi mamá, que vive en Surco con mis dos hermanos”, indicó Erika.

Como siempre le gustó el deporte y no había tiempo para pensar en el gimnasio, apenas pudo hacerlo, se matriculó en uno de ellos. Fue entonces que la suerte y la casualidad del momento se toparon con ella.

“Vi a un muchacho que daba clases de baile. Pero además de la danza, el tipo hacía una coreografía espectacular. En Lima me encantaba bailar, así que le pregunté dónde había aprendido tanto y me dijo: en el Broadwy Dance Center. Esa misma tarde me fui rápidito a pedir información, pero las clases eran carísimas. Sin embargo, me dijeron que tenían becas para estudiantes y que podía postular a una, siempre y cuando trabajase con ellos asistiendo a los alumnos en trámites de matrículas e inscripción. Me pareció genial, y me llamaron al toque, porque buscaban bilingües”.

Una nueva etapa en la vida de Erika se abría ante sus ojos, que son de color marrones y de contornos definidos, como ella.

Pero lo que nació como un hobby y un pasatiempo, tomó peso, volumen y seriedad. Luego de tres años de seguir cursos y programas de danza moderna, la chica agarró experiencia y comenzó a tomar audiciones.

“Mi primera audición fue una desgracia. No me Salió ni un solo paso. Fue para una serie de videos de aeróbicos con mÚsica ‘hip hop’, que la gente de MTV quería producir. Como no me llamaron, pensé que era mi final, y que no servía para el baile. Sin embargo, después de conversar con una amiga con más ‘cancha’ en el medio, comprendí que la primera audición es una pesadilla. Que todo era cuestión de ir soltándose”..

Así las cosas, Erika volvió a una audición. Respiró profundo ante un teatro vacío con butacas en línea donde únicamente había un jurado de cuatro personas. Eran los coreógrafos de la compañía ‘The Movement’, una de las más jóvenes y promisorias academias del mercado de la danza en Nueva York.

“Y me tomaron. No podía creerlo”, comentó Erika.

Con ellos, el mundo pasó del blanco y negro, a ser de colores. Y de tonos muy vivos, ya que Erika, desde entonces, ha estado viajando por muchas ciudades de Estados Unidos con The Movement. Como si fuese poco, le dieron la posibilidad de bailar con artistas de primera como Magic Juan, Yoko Ishida, Emily Jackson y Lay O.

El próximo capítulo que le espera a nuestra compatriota, amante de los pescados, de la chicha y de los mariscos será un ‘tour’ por Europa.

Y allí estará nuevamente mujer maravilla, Erika, bailando al ritmo de sonidos modernos.

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