Mujer con Garra Por Juan Carlos Chávez
Especial para El Club de Peruanos en Estados Unidos
La mujer maravilla existe. Es de carne y hueso, tiene
unos veinte y tantos años, nació en Lima y desde hace
cinco vive en la capital del mundo, Nueva York.
Su historia no ha sido rosa, todo lo contrario. Ha
estado cargada de altibajos, desventuras, crisis y
éxitos.
Aquellos que piensan que el sueño americano es un
cliché y que en estos tiempos resulta casi imposible
de alcanzar, se equivocan.
Erika Maza Garces estudió Ciencias de la Comunicación
y Publicidad en el instituto Charles Chaplin. Siempre
fue una alumna aplicada y, como todos sus compañeros
de promoción, cuando finalizó sus estudios académicos
creyó que habría una oportunidad para entrar en la
fuerza laboral. Sería cuestión de un par de meses,
pero la situación era acaso más difícil de lo que se
imaginó y al sexto mes de haberse graduado con
honores, Erika continuaba en busca de una chamba.
Sus ánimos la llevaron a tomar un avión con destino a
Estados Unidos. La idea era probar suerte en el estado
de Kentucky donde tenía una prima dispuesta a
recibirla para que Erika pudiese ahorrar todo el
dinero posible con tal de ayudar a su madre y hermanos
que viven en el Perú.
Era comienzos de 2002 y no hacía mucho tiempo que los
atentados del 11 de setiembre habían ocurrido.
“Vine con una mochila y unos cuantos dólares en el
bolsillo. Sabía que era una etapa de riesgos por la
situación que se vivía en ese entonces, pero no me
amilané. Sabía lo que quería”.
Y lo que buscaba Erika era destacar, forjarse un
futuro mejor, y ser alguien en la vida.
Cinco años después, esta chica delgada y atlética
puede decir que alcanzó sus metas. Pero sola,
totalmente sola, porque luego de estar en Kentucky
durante unos meses, se dio cuenta de que allí no
conseguiría lo que andaba buscando y arrancó a Nueva
York.
“Supe que unos amigos de mi colegio, el San José de
Cluny, iban a estar en Nueva York por unos días.
Entonces pensé que sería una buena oportunidad para
tomarle el pulso a esa ciudad. La pasamos lindo, pero
cuando ellos tuvieron que regresar al Perú, yo me
quedé buscando trabajo. Tenía menos de 30 dólares. Y
esa misma tarde que despedí a mis compañeros en el
aeropuerto, encontré un trabajo en un restaurante
italiano. Fue un alivio. No ganaba mucho, pero me
sentí feliz”.
El primer paso estaba dado.
Sin embargo, dónde pasaría Erika las noches, si no
tenía más de 3 billetes de a diez y no conocía a
nadie?
Erika buscó la manera de ingeniárselas: durmió en
estaciones de tren, convenció al administrador del
restaurante para trabajar hasta el último turno que
cerraba a las 4 de la madrugada y así podía acomodarse
en un rinconcito de la cocina hasta que apareciese la
primera luz del día. También convirtió las cabinas de
Internet en un ‘depa’ portátil, en fin. De todo un
poco.
“Mi madre se hubiese muerto si llegaba a enterarse de
que su hija estaba prácticamente en la calle. Sin
embargo, no podía contarle lo que vivía, porque yo me
había hecho el juramento de ‘hacerla’ en Estados
Unidos, con dignidad y fortaleza. No estaba en mis
planes tirar la toalla”.
Tres meses después, Erika consiguió rentar un espacio
en el barrio de Brooklin con sus primeros ahorros. No
era el más apropiado, ni quizá el más seguro, pero con
algo tenía que empezar.
“Recuerdo que llegaba de trabajar del restaurante a
las dos de la madrugada y apenas entraba al vecindario
escuchaba balaceras y veía peleas en la calle. Tenía
que correr para llegar a mi departamento. Sentí, de
verdad, mucho miedo”.
Doce meses más tarde Erika tuvo la oportunidad de
entrar a trabajar a un restaurante y bar de mayor
categoría y clientela. Aprendió los trucos, la
velocidad y técnicas para preparar tragos y, a las
cuatro semanas, ya era toda una ‘bartender’. La
cuestión económica experimentó un gran alivio.
“De los $30 o $40 que hacía en el negocio italiano
completando jornadas de diez horas, comencé a ganar
cerca de $200 y a veces más de $300. Así pude mudarme
a un sitio más tranquilo, y enviar dinero a mi mamá,
que vive en Surco con mis dos hermanos”, indicó Erika.
Como siempre le gustó el deporte y no había tiempo
para pensar en el gimnasio, apenas pudo hacerlo, se
matriculó en uno de ellos. Fue entonces que la suerte
y la casualidad del momento se toparon con ella.
“Vi a un muchacho que daba clases de baile. Pero
además de la danza, el tipo hacía una coreografía
espectacular. En Lima me encantaba bailar, así que le
pregunté dónde había aprendido tanto y me dijo: en el
Broadwy Dance Center. Esa misma tarde me fui rápidito
a pedir información, pero las clases eran carísimas.
Sin embargo, me dijeron que tenían becas para
estudiantes y que podía postular a una, siempre y
cuando trabajase con ellos asistiendo a los alumnos en
trámites de matrículas e inscripción. Me pareció
genial, y me llamaron al toque, porque buscaban
bilingües”.
Una nueva etapa en la vida de Erika se abría ante sus
ojos, que son de color marrones y de contornos
definidos, como ella.
Pero lo que nació como un hobby y un pasatiempo, tomó
peso, volumen y seriedad. Luego de tres años de seguir
cursos y programas de danza moderna, la chica agarró
experiencia y comenzó a tomar audiciones.
“Mi primera audición fue una desgracia. No me Salió ni
un solo paso. Fue para una serie de videos de
aeróbicos con mÚsica ‘hip hop’, que la gente de MTV
quería producir. Como no me llamaron, pensé que era mi
final, y que no servía para el baile. Sin embargo,
después de conversar con una amiga con más ‘cancha’ en
el medio, comprendí que la primera audición es una
pesadilla. Que todo era cuestión de ir soltándose”..
Así las cosas, Erika volvió a una audición. Respiró
profundo ante un teatro vacío con butacas en línea
donde únicamente había un jurado de cuatro personas.
Eran los coreógrafos de la compañía ‘The Movement’,
una de las más jóvenes y promisorias academias del
mercado de la danza en Nueva York.
“Y me tomaron. No podía creerlo”, comentó Erika.
Con ellos, el mundo pasó del blanco y negro, a ser de
colores. Y de tonos muy vivos, ya que Erika, desde
entonces, ha estado viajando por muchas ciudades de
Estados Unidos con The Movement. Como si fuese poco,
le dieron la posibilidad de bailar con artistas de
primera como Magic Juan, Yoko Ishida, Emily Jackson y
Lay O.
El próximo capítulo que le espera a nuestra
compatriota, amante de los pescados, de la chicha y de
los mariscos será un ‘tour’ por Europa.
Y allí estará nuevamente mujer maravilla, Erika,
bailando al ritmo de sonidos modernos.
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