Mafia vs Mayor (Part II)

Hace dos semanas, los limeños fuimos a votar para decidir si Susana Villarán se quedaba en su puesto o la revocábamos -léase despedíamos- a la mitad de su gestión.
La impopular alcaldesa tuvo para muchos una gestión plagada de errores, que sus enemigos políticos aprovecharon y que parecía, los limeños, no estaban dispuestos a perdonar. Hasta hace sólo 2 semanas antes de las elecciones, la diferencia entre los que querían revocarla y los que estaban dispuestos a darle una segunda oportunidad era de casi 20 puntos porcentuales (60-40). Parecía que la suerte de la alcaldesa estaba echada.

Al final, Lima decidió darle una segunda oportunidad. Aquí, ¿Primó la cordura?

Es probable, -e incluso se confirmó con unos audios- que tras la revocatoria estuviera el ex alcalde de Lima, Luis Castañeda Lossio, quien tal vez por angurria por volver a la Municipalidad antes de tiempo o por venganza política, había decidido tumbarse a la alcaldesa que lo había denunciado por supuestos actos de corrupción en plena campaña presidencial; lo que “según él” diezmó sus posibilidades en las elecciones presidenciales del 2011.

Ahora bien; ¿Por qué primó la cordura? En el Perú, no hay partidos políticos fuertes, como sí los hay en las democracias consolidadas. De esta manera, por ejemplo, los presidentes son elegidos en una segunda vuelta; y generalmente los que deciden, son los que en la primera ronda electoral votaron por algún otro candidato, y por ende tienen que elegir entre el candidato que les de MENOS temor. Esto pasó en las elecciones presidenciales del 2001, 2006 y 2011.

Recordemos que en las elecciones del 2001, los que votaron por Lourdes Flores (que quedó tercera) tuvieron que decidir si preferían a Alan García o a Alejandro Toledo; ganando este último. Sin embargo, durante su gestión, Alejandro Toledo llegó a tener niveles de desaprobación de más del 90%. Afortunadamente, no hubo una “revocatoria”, y por ende; el presidente Alejandro Toledo terminó su gobierno en el 2006. En el 2006, nuevamente Lourdes Flores quedó tercera y esta vez los que votaron por ella tuvieron que elegir entre dos candidatos de temer para un importante sector de los peruanos; las opciones eran: Ollanta Humala, (en esa época un candidato mucho más radical que el de unos años después), o Alan García. El temor a Humala en esa época fue mayor al recuerdo del caótico primer gobierno de Alan García y el pueblo le dio una segunda oportunidad.

Sin embargo, a pesar de la bonanza económica, el presidente Alan García tenía niveles de desaprobación de hasta el 80%. Pero aún así, el pueblo le permitió concluir su mandato de 5 años. Ni siquiera en su primer gobierno, considerado un gobierno corrupto e inepto que nos llevó a la mayor crisis económica de nuestra historia republicana, se le revocó; respetándose incluso aquí, la regla democrática de los 5 años de gobierno.

Y aquí en la Municipalidad de Lima, también debió de ser así, y afortunadamente Lima lo entendió.

El próximo año, es muy probable que la ciudad siga siendo tan caótica como lo ha sido siempre; pero hay un hartazgo generalizado que sí creo es saludable. Hay una fobia creciente contra la informalidad, el caos, el tráfico tercermundista, el transporte público infrahumano. El limeño exige una mejor calidad de vida. Sin embargo, el trabajo también está en cada uno de nosotros. Respetar al peatón, ser considerado con los otros choferes que también manejan, dar el paso, respetar los cruces peatonales, no tocar el claxon, respetar al ciclista y no tolerar expresiones como “salta con el pie derecho”, no dependen del alcalde o alcaldesa de turno, sino de nuestro propio proceso de respetarnos como limeños y de cuidar nuestra ciudad para el beneficio de todos.

Lima puede cambiar, pero el cambio empieza en uno.

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